Manifiesto por una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria (Propuesta)

Manifiesto por una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria (Propuesta)

Fundamentos
Los jóvenes militantes de la LTS, los estudiantes  de la Agrupación ContraCorriente y las mujeres jóvenes de Pan y Rosas, junto a jóvenes trabajadores y estudiantes de luchas como la del #YoSoy132, presentamos este proyecto de manifiesto para ser discutido y enriquecido en las próximas semanas hacia la construcción de una nueva y gran Organización de la Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria. Esta iniciativa no se gesta en la última hora, en los últimos años hemos luchado al lado de los trabajadores del SME contra el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro, contra la militarización desde la COMECOM y la CONACOM, por el derecho al aborto libre, contra el feminicidio y el juvenicidio, por la igualdad de derechos para la comunidad LGBTTI, contra la injerencia de la Iglesia en nuestras vidas y, recientemente somos parte ahora del Movimiento #YoSoy132. La emergencia a nivel mundial de cientos de miles de jóvenes que sin miedo salen a luchar contra la crisis capitalista y los planes de ataque que el régimen político aplica en nuestro país, nos lleva a darnos a la tarea de poner en pie una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria al lado de decenas de compañer@s que compartan con nosotros la perspectiva de barrer la sociedad capitalista de una vez por todas, convencidos de que ésta no es reformable y de que sólo podremos derribarla por medio de una estrategia, una práctica y un programa revolucionario.
Queremos impulsar una Juventud que asuma las tareas revolucionarias por venir, que se ponga a la altura de las nuevas circunstancias y permita poner el potencial de los jóvenes a tono con los grandes procesos de la lucha de clases que se avecinan. Vivimos nuevos tiempos: el regreso de una crisis de enorme envergadura, de procesos revolucionarios y la amenaza de nuevas confrontaciones militares. Para este escenario es que llamamos a los colectivos estudiantiles, activistas independientes, estudiantes con los que hemos confluido en manifestaciones y asambleas del Movimiento #YoSoy132, a todos los jóvenes explotados por la sociedad capitalista, a aquellos con los que hemos confluido en la lucha contra la militarización y en las últimas luchas de los trabajadores, a discutir e impulsar  de conjunto, una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria. Hoy es una tarea urgente para los jóvenes que hemos salido a luchar hacerse de una estrategia, un programa revolucionario y una organización juvenil, independiente y combativa desde donde impulsarlo. No queremos ser un colectivo más, queremos impulsar una juventud que se juegue a convencer, que se apueste a hacer la diferencia para vencer y confluir con lo mejor de toda una generación en una perspectiva revolucionaria.  Queremos construir una alternativa que se haga parte de las luchas por frenar las embestidas del capitalismo y sus agentes, una alternativa para conquistar codo a codo con los trabajadores y sus luchas, las demandas más sentidas de los trabajadores y el pueblo. Queremos una juventud que busque preparar en estas luchas para las grandes batallas contra el capitalismo y destruir a este sistema, en una perspectiva internacionalista y anti imperialista, de una vez por todas.
Convencidos de que un nuevo escenario de la realidad nos llama a la lucha revolucionaria, impulsamos este manifiesto a la luz de una crisis que ha abierto un nuevo periodo de la lucha de clases. En el cual, los jóvenes venimos saliendo a las calles de la mano de los trabajadores en contra de los capitalistas, sus agentes en el gobierno y los grandes organismos financieros como el FMI, el Banco Mundial o el Banco Central Europeo, que imponen sus planes para que sean los trabajadores y los pueblos del mundo, y no ellos, quienes paguemos su crisis.
En el año 2008 estalló en los Estados Unidos una de las peores crisis capitalistas de la historia, sólo comparable a la del crack de 1929. Esta nueva crisis muestra el ocaso de la ofensiva política, diplomática, militar e ideológica del proyecto neoliberal de los años 80’s que, encabezaban Margaret Tatcher y Ronald Reagan, y que instrumentaron los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el FMI, que mediante el “Consenso de Wahington” en América Latina y la administración de su (hoy declinante) hegemonía imperialista, pretendió la resolución de la caída de la acumulación capitalista iniciada en la década de los 70’s por medio de una ofensiva salvaje en el mundo del trabajo. Esta ofensiva se expresó por medio de la flexibilización laboral, la restauración capitalista en los países de la ex Unión Soviética, China y Europa del Este, el adelgazamiento de las conquistas sociales, las privatizaciones de los sectores públicos y la devastación ambiental y ecológica. Esta ofensiva tuvo su correlato ideológico por medio del discurso del “fin de la historia” con el triunfo del “capitalismo global” de la democracia liberal y el fin de los llamados “totalitarismos”, que mostraron como gendarme del mundo a los Estados Unidos, vencedor incuestionable del nuevo periodo marcado por la caída del muro y de la Unión Soviética.
 Esta ofensiva salvaje no consiguió resolver la crisis de acumulación que el capitalismo arrastra desde los años 70. Al contrario, el capitalismo se encuentra en una fase declinante que hoy tiene efectos catastróficos para la juventud, los trabajadores y el pueblo pobre, además de llegar al límite de la devastación ambiental, casi de forma suicida para el conjunto de la humanidad. A la fecha, ni los grandes salvatajes neokeynesianos de billones de dólares, como los que implementaron los gobiernos imperialistas de Obama y Merkel, ni los planes de ajuste que los gobiernos de Papandreu, Rajoy y Cavaco han descargado sobre las espaldas de los oprimidos en Grecia, España y Portugal, han resuelto esta crisis histórica que, además de tener su epicentro en Estados Unidos, tiene hoy su pico más dramático en Europa y Asia: desde fenómenos de suicidios colectivos frente a los efectos de la crisis como en Italia, la inmolación de jubilados en Grecia, hasta el regreso del ludismo en China. Hoy, en el quinto año de la crisis capitalista, Estados Unidos atraviesa una recesión histórica y una de sus peores crisis de hegemonía; China, el taller del mundo, luego de la restauración capitalista en los años 90, se encuentra en una desaceleración sin precedentes; y, Europa de conjunto, padece una desaceleración que no tiene fondo y pone en crisis el proyecto de la Unión Europea.
 Esta crisis económica y su correlato político ha abierto climas de inestabilidad ante los cuales surge una nueva e histórica oleada de movilizaciones, luchas obreras y juveniles, demostrando que el “fin de la historia” está lejos de llegar, que queda mucha historia por escribir y que los jóvenes estamos dispuestos a hacerlo al lado de los trabajadores y el conjunto de los explotados y oprimidos. Eso nos demuestran las luchas de los jóvenes y trabajadores en Grecia, con sus más de 20 edificios incendiados, la toma de escuelas, las más de 25 huelgas generales en contra de los planes de ajuste del BCE y del gobierno de Papandreu, las experiencias de control obrero en el Hospital Kiklis y del periódico Eleftherotypia. Lo muestra la indignación callejera luego del asesinato del joven Alexis Grigoropoulos en 2008 que causó una verdadera rebelión juvenil en las calles de Atenas, una juventud que luego de luchar contra el Plan Bolonia ha venido radicalizándose codo a codo con la clase obrera. En Inglaterra en el año 2011 los efectos de la crisis capitalista, el racismo y las décadas de opresión y hacinamiento urbano hicieron explotar la rabia de los jóvenes llamados por la prensa burguesa “riots”. Jóvenes que según la prensa occidental “han perdido la fe en el futuro”, hijos de migrantes de origen africano que incendiaron masivamente patrullas poniendo a temblar Tottenham, Birmingham y el mundo entero, haciendo presente su rabia ante el asesinato por la policía del joven negro Mark Duggan e impulsando una organización barrial que ha puesto en jaque “la pacífica Inglaterra de la Reina Isabel”. También lo muestran los miles de jóvenes franceses que acompañaron la huelga salvaje que emprendieron los trabajadores contra la reforma a las jubilaciones y pensiones del gobierno de Sarkozy en el otoño del año 2010, refrendando en las calles su impronta pro obrera y encabezando las brigadas interfabriles en Paris. Una juventud que antes del 2008, año de inicio de esta nueva crisis, estalló en rabia en la Banlieu parisinaincendiando autos y patrullas, producto de la exclusión social de la población de origen magrebí, luego del asesinato de Ziad Benna y Banou Traoré en la capital imperialista.
Dos años después de la manifestación de los riots en Inglaterra, la inmolación en diciembre de 2010 de Mohamed Bouaziz, joven desempleado vendedor en un puesto de fruta en la plaza central, mártir de la revolución tunecina, conmocionó a cientos de miles de jóvenes que salieron a movilizarse en su homenaje y, motivados por el desempleo que padece la juventud magrebí, iniciaron la “revolución árabe”. Esta juventud participó de forma preponderante en la serie de movilizaciones que llevaron a la caída de Ben Alí: decenas de miles de jóvenes de los barrios pobres realizaron multitudinarias acciones de protesta a las afueras del palacio en dónde veían la representación de la dictadura, en confluencia con la UGTT y el proletariado árabe de la zona minero de Gaftsa, que expresó todas sus potencialidades conquistando la caída de Ben Alí. Unos meses antes en Egipto, el asesinato de Khaled Said por una golpiza a manos del gobierno de Hosni Mubarak en Alejandría despertó un malestar organizado por la juventud egipcia cuyos índices de desempleo, al igual que en Túnez, había llegado a 16 y 17 % según la ONU. Esta juventud confluyó con el combativo proletariado textilero del Canal de Suez en Al Mahalla que había encabezado una verdadera revuelta del hambre en el año 2008, protagonizando la apertura de un proceso revolucionario que está lejos de cerrarse. En Plaza Tahir los jóvenes organizados en las escuelas y en las fábricas organizaron brigadas de autodefensa y de acciones en contra del gobierno. Las organizaciones de aficionados a las instituciones deportivas, en Port Said, se enfrentaron en la movilización contra la dictadura y aún después de la caída de Mubarak, han continuado la lucha contra las fuerzas armadas protagonizando hasta el día de hoy movilizaciones multitudinarias. Los trabajadores y la juventud están muy lejos de ser derrotados a pesar de las medidas desmovilizadoras como la junta militar, la convocatoria a nuevas elecciones y una constituyente, mostrando el potencial del descontento organizado.
En Chile a inicios del año 2011 el movimiento estudiantil rompió con décadas de derrota a cuestas. En la cuna del neoliberalismo mundial, luego del golpe de 1973, Chile concentró la movilización más importante del movimiento estudiantil en el país. Los métodos radicalizados como la lucha callejera y las barricadas, las tomas de escuelas y la solidaridad obrero-estudiantil con los trabajadores mineros de la CODELCO, son la impronta de una juventud que lucha por conseguir una educación pública y gratuita, cargando en sus espaldas el asesinato del estudiante Manuel Gutiérrez de 14 años durante las impresionantes huelgas generales de agosto del año 2011. El movimiento estudiantil chileno mostró enormes ejemplos de auto-organización y puso en pie la autogestión de los colegios y liceos, donde el mejor ejemplo es el Colegio Secundario A-90 de San Miguel gestionado por estudiantes secundarios y trabajadores docentes.
Esta impronta juvenil se expresa también en el norte del continente americano con la lucha de los estudiantes en Québec que pelearon durante más de 130 días en una huelga contra el lucro en la educación. La huelga, que estalló en febrero de 2012 y al mes de septiembre triunfó haciendo recular al gobierno con su intentona de aumentar las tarifas en las universidades, ha sido la más importante de su historia: 175 mil estudiantes en las calles, más de 100 dependencias tomadas, barricadas en las plazas públicas, más de 25 movilizaciones nocturnas, una primera huelga de sectores públicos en unidad con los estudiantes y una multitudinaria marcha monstruo de más de 250 mil personas en el corazón de la tierra del Maple. Lo mismo el norte del continente americano nos sorprende con el despertar de una juventud norteamericana en los “Ocuppy” en el epicentro de las finanzas internacionales en Estados Unidos que lucha contra los grandes capitalistas y banqueros que engordan sus cuentas mientras los trabajadores empobrecen. Lo mismo en la península Ibérica los jóvenes Indignados del Estado Español, al grito de “No nos representan”, vienen enfrentando el régimen nacido de las entrañas del franquismo, protagonizando después la llamada “Primavera” Valenciana, participando de manera activa en las últimas huelgas generales contra los planes de ajuste del gobierno de Zapatero y de Rajoy, mostrando su impronta pro obrera en la histórica marcha negra de los mineros de Asturias, descendientes del proletariado minero de la Guerra Civil y la Revolución Española.
Es un hecho contundente que la juventud a nivel internacional viene participando de forma protagónica en los procesos más importantes y avanzados de la lucha contra los efectos de la crisis económica capitalista. Y es que, aunque estos escenarios parezcan lejanos, en México también comenzamos a ver a una nueva juventud combativa que se pone de pie a tono con la situación internacional. Con el surgimiento del Movimiento #YoSoy132 una nueva generación de jóvenes ha salido a las calles a cuestionar un proceso electoral manipulado que ha culminado con la “imposición” fraudulenta de Enrique Peña Nieto, esto cuestiono la supuesta “transición democrática” del 2000 y catalizo que se expresara el descontento contra las políticas del régimen de conjunto, desde la ofensiva militarista de la demencial “guerra contra el narcotráfico” que ha dejado más de 80 mil muertos, hasta las políticas neoliberales y reformas estructurales en materia de educación, salud, seguridad, hacienda y trabajo; haciéndose parte de la solidaridad con los trabajadores en la lucha contra la reforma laboral, impulsando incluso los métodos de la clase obrera como la necesidad de impulsar paros nacionales contra la ofensiva patronal y del régimen. El surgimiento del Movimiento #YoSoy132 abrió un nuevo proceso juvenil que ha encabezado manifestaciones multitudinarias e impresionantes asambleas como en las Islas de Ciudad Universitaria el 30 mayo, producto de un proceso de auto-organización en todo el país, desde Cd. Juárez hasta Mérida, poniendo en pie un órgano central de toma de decisiones, la Asamblea General Interuniversitaria, que ha convocado, de la mano del FPTD-Atenco, a otros sectores como el SME, la CNTE y los pueblos que luchan por su autodeterminación, a una Convención Nacional contra la Imposición, que al día de hoy ha celebrado dos encuentros, el primero en San Salvador Atenco y el segundo en Oaxaca, confluyendo con un gran espectro de sindicatos, organizaciones sociales y campesinas, pueblos que luchan por su autodeterminación y activistas y luchadores de todo el país.
Ante el fraudulento regreso del PRI, nos encontramos ante un régimen que en medio de la crisis capitalista y la subordinación al imperialismo norteamericano,  no podrá apelar a la bonanza ni a la legitimidad, que recurrirá continuamente al autoritarismo y la antidemocracia para continuar con la ofensiva neoliberal e imponer la agenda imperialista, económica, militar y política; un régimen que ante el estancamiento económico impondrá las reformas estructurales, desde la reforma laboral, la hacendaria, la energética y hasta de seguridad nacional, con miras a aumentar los lazos de subordinación al vecino del norte. Ante la embestida en puerta y las luchas que han marcado la escena nacional e internacional, nuevos procesos de lucha mucho más profundos y combativos traerán a escena a los trabajadores y sus organizaciones, lo mismo que a sectores amplios del pueblo pobre, campesino e indígena. Para los tiempos que vienen es urgente la tarea de impulsar una Organización Juvenil Revolucionaria, Anticapitalista y Socialista sin precedentes recientes en México que siente las bases de una nueva tradición, que retome las mejores lecciones de las luchas obreras y populares del pasado y del movimiento estudiantil y, que defienda su independencia política de todos los partidos patronales y las organizaciones que se subordinan a las direcciones pro-burguesas y reformistas como la de López Obrador. Una juventud que deposite su confianza en sus propias fuerzas y que ponga a disposición de una perspectiva revolucionaria toda su creatividad, su dinamismo y entrega. Estamos ante la posibilidad de poner en pie una gran juventud que haga la diferencia con las banderas de la revolución, el anticapitalismo y el socialismo. La juventud estudiantil y trabajadora que por miles ha salido a luchar hoy en México requiere un programa revolucionario y una estrategia para vencer. Si en los últimos años los trabajadores y el pueblo pobre sufrimos varios golpes y derrotas, responsabilidad de direcciones que impulsaron una estrategia política para no ganar, hoy es necesario prepararse bajo una estrategia y un programa que se juegue a la victoria en los combates por venir en la lucha de clases.
 Los objetivos estratégicos de una juventud revolucionaria requieren del esfuerzo de varias generaciones para llegar a su cumplimiento, pero para eso hay que dar un fuerte primer paso y darlo hoy en el marco de una crisis que despierta un nuevo ascenso de la lucha de clases a nivel internacional, nos presenta condiciones favorables para la acción de los que nos reivindicamos revolucionarios. Pensamos que el Movimiento #YoSoy132 y su lucha contra la antidemocracia en México abre un nuevo fenómeno de lucha juvenil y callejera de largo aliento, con el cual se abre el camino también a la lucha de los estudiantes, como ya se expreso con rechazados de la educación superior y las normales en el país, la lucha de los estudiantes del bachillerato como el CCH Naucalpan contra las medidas represivas en la UNAM, la huelga de los estudiantes de la UACM contra las maniobras fraudulentas de la rectoría y otras luchas. De estas luchas y las futuras, queremos confluir y avanzar con lo mejor de nuestra generación en una perspectiva revolucionaria, que quiera barrer las cadenas del capitalismo de una vez por todas. Para tal efecto, ponemos a disposición la siguiente propuesta política y programática y convocamos a todos aquellos compañer@s jóvenes que tengan acuerdo con la necesidad de impulsar una Juventud Revolucionaria, Anticapitalista y Socialista, a discutir la siguiente propuesta política y programática, como base para echar a andar esta nueva juventud.
Una Juventud que luche contra la antidemocracia del régimen de la transición pactada
Pensamos que el movimiento juvenil #YoSoy132, nacido de la lucha contra esta democracia degradada, contra el régimen de la falsamente llamada “alternancia democrática”, debe hacerse consciente de que la estrategia y la política de partidos patronales como el PRD o la dirección de MORENA, que ha querido encasillar la lucha dentro de las “opciones y salidas” que ofrece el régimen y las instituciones, no puede responder a nuestros intereses ni resolver nuestras demandas, pues es parte del mismo régimen al que nos enfrentamos. Los límites de estas direcciones reformistas hablaron por sí mismas en 2006, enarbolando una estrategia de movilización civil y pacífica, que depositó su confianza en las instituciones del régimen como el IFE y el entonces TRIFE. Esta política reformista, que es claudicante para las demandas democráticas del pueblo, es desastrosa para el movimiento obrero. Un ejemplo de ello es la lucha del SME contra el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro y la reinstalación de más de 44 mil trabajadores y 20 mil pensionados que, en lugar de retomar los métodos históricos de la clase trabajadora, como la huelga y la lucha callejera, a través de los acuerdos con la dirección subordinaron la causa de los trabajadores del SME a la estrategia de resistencia civil y pacífica, que deparo en la política de llamar a votar por AMLO en 2012, rompiendo con la independencia de clase y llamando a los trabajadores a confiar en el Congreso, los gobiernos locales y el federal, sin obtener hoy día la resolución de sus demandas.
Luego de las elecciones fraudulentas, se muestra como para defender las más elementales libertades democráticas, como el derecho al voto, tenemos que enfrentar frontalmente a las instituciones como el TEPJF y el IFE, nacido del fraude del ’88, creado por el gobierno de Salinas para legitimarse y preparar un supuesto “árbitro” democrático que mediara entre los partidos políticos de la burguesía, tratando de evitar nuevos procesos de lucha contra las prácticas fraudulentas del PRI, garantizando la antidemocracia del régimen que han pretendido maquillar con la supuesta “transición democrática” del 2000. Estas mismas instituciones, el IFE y el TEPJF, de la mano de las figuras del régimen, fueron los encargados de legitimar el fraude electoral del 2006 y, aún más, de otorgarle la mayoría al PRI en el Congreso en este proceso electoral de 2012.
Cada vez que el capitalismo comienza a ser enfrentado por los explotados y oprimidos, cuando la dictadura de la burguesía, disfrazada de democracia, es cuestionada por los trabajadores y la juventud, cuando las libertades democráticas le estorban al régimen burgués, éste emprende una ofensiva contra ellas mismas y las elimina. Ha sido así siempre, ejemplo de ello es que hoy, cuando la burguesía necesita “imponer” al gobierno que más le favorece, no se respeta ni siquiera el derecho a depositar en una urna un pedazo de papel para “elegir” a candidato o partido alguno. El papel de las instituciones que “dicen” garantizar estos derechos, no es otro sino el de encajonar las luchas por conquistarlos en los propios marcos del régimen y las instituciones que por la vía de los hechos, nos los niega de manera sistemática y maquillada. Sólo sobre las ruinas de estas instituciones podemos garantizar el respeto de los derechos y libertades democráticas más elementales que este sistema nos arrebata.
Para seguir dando estas peleas y conseguir nuestras demandas, es indispensable mantenernos independientes políticamente de los partidos patronales y sus instituciones. Es fundamental impulsar la unidad de los sectores en lucha que padecen los planes del gobierno y los partidos del congreso, como la CNTE, los mineros, el SME, Atenco y otras luchas, así es que podremos enfrentar de manera contundente a la antidemocracia del régimen. Preparándonos para encarar los planes que ya se perfilan contra los jóvenes y el pueblo trabajador, expresados en la continuidad de la militarización y las reformas estructurales, luchando porque los sindicatos, las organizaciones obreras y campesinas y el movimiento social de conjunto, abracen un programa y una política independiente, es que podremos detener y enfrentar con golpes contundentes al régimen y las instituciones que lo sostienen.
 Desde el #YoSoy132 se cuestiono la antidemocracia que impera en este país, desde esta Juventud llamamos a continuar la lucha al grito de ¡¡Abajo el IFE y el TEPJF, cómplices y sostén de esta democracia ultra degradada!! Junto a ello el #YoSoy132 enarbolo la denuncia de que son los monopolios de los medios de comunicación masiva los que han que han jugado un papel preponderante en la legitimación de la política de estas instituciones. Los medios como Televisa y TVAzteca, sus repetidoras locales y brazos como Milenio, RadioFórmula, entre otros, manifestaron en el reciente proceso electoral su más pleno acuerdo con la imposición de un candidato que diera continuidad a la ofensiva contra la clase trabajadora y la política de militarización. A través de la manipulación mediática, la reproducción de los resultados de encuestadores imparciales y declaraciones previas al conteo rápido del TEPJF sobre el resultado electoral, la difamación y criminalización de toda oposición al discurso oficial, estos medios han demostrado su fidelidad a los intereses de las clases dominantes, la burguesía y sus partidos patronales.
Por ello para conquistar efectivamente el derecho a la libertad de expresión y de información como lo planteo el #YoSoy132, hay que llevar hasta el final la lucha por la democratización de los medios masivos de comunicación y luchar por la expropiación y la nacionalización bajo control de sus trabajadores de los grandes monopolios mediáticos como Televisa y TV Azteca, que secuestran estos derechos convirtiéndolos en un gran negocio puesto al servicio de seguir sosteniendo y suavizando la antidemocracia del régimen. El mejor método para arrebatarle el monopolio de la comunicación a la burguesía es la toma efectiva de todas las cadenas de televisión, radio, prensa, poniéndolos al servicio de los trabajadores, el pueblo pobre y sus luchas. El mejor ejemplo de ello lo vimos en México en el estado de Oaxaca en el año de 2006 cuando la COMO (Coordinadora de Mujeres, parte de la APPO) expropió en los hechos el canal 9 de la televisión pública para ponerla a disposición de la lucha del magisterio contra Ulises Ruiz. Esta es la mejor forma para luchar contra el monopolio de la comunicación y la información que manipula a los jóvenes, trabajadores y sociedad en su conjunto para mantenerse en el poder.
En México, producto de la centralización de los medios de comunicación e información existen decenas de medios comunitarios e independientes en las comunidades indígenas, localidades apartadas en todo el país que hay que defender ante la intentona del régimen por desaparecerlas a ellas y a quienes las impulsan. La represión a quienes osan en tomar parte del espacio radioeléctrico de manera independiente ha sido cruenta. Hay que defender el derecho a poner en pie medios de comunicación independientes como una trinchera donde las organizaciones obreras, estudiantiles, campesinas, indígenas y juveniles puedan contrarrestar la ofensiva ideológica de los grandes medios de comunicación. Una Juventud que retome las lecciones de la historia del movimiento estudiantil Esta nueva generación de jóvenes que ha salido a luchar por todo el mundo, de Túnez y Egipto, a Quebec, pasando por España, WallStreet, Chile y México, debe retomar las lecciones de la lucha que dieron los jóvenes y estudiantes que nos precedieron, como el Mayo Francés, la Primavera de Praga, el Cordobazo argentino, los sengakuren japoneses, la SDS alemana, el estudiantado de Berkley, el estudiantado que se opuso contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos, la juventud irlandesa contra la ocupación inglesa y la juventud pro obrera que puso en pie el CNH en el 68′ mexicano.
De las luchas de los los años 60’s y 70’s podemos rescatar los mejores métodos y lecciones para las luchas del presente. La autoorganización, basada en la democracia directa, el mandato de asamblea y la votación de delegados revocables, fue un método que los jóvenes retomaron del movimiento obrero. Lo pudimos ver en el CNH mexicano, los comités de huelga en Francia y el estudiantado francés que se unió la toma de las fábricas de la Citröen y la Peugot junto con los trabajadores el 22 de mayo de 1968, los comités obrero estudiantiles de huelga en Japón contra el imperialismo norteamericano y la ocupación en Okinawa, o los comités antiimperialistas irlandeses. Se expresó en la independencia política del estudiantado y la juventud y su vinculación con el movimiento obrero, como la lucha codo a codo con los ferrocarriles en los 50’s, retomando la liberación de Demetrio Vallejo en México.
El internacionalismo expresado en las movilizaciones del estudiantado mexicano en solidaridad con la Revolución Cubana, el estudiantado norteamericano y francés contra la Guerra en Vietnam, la lucha de la juventud por la liberación del pueblo argelino de la metrópoli francesa, la lucha juvenil contra la imposición de las dictaduras en América Latina, es una de las grandes lecciones que debe retomar una juventud que se prepare para las luchas del presente. De los años 60 surgieron un sin número de corrientes políticas que lucharon por la revolución. La juventud de esos años tomó conciencia de que no se puede vencer sin una organización revolucionaria. Es decir, una de sus lecciones es la organización política de la vanguardia estudiantil revolucionaria que se planteara la perspectiva de una juventud más allá de las universidades en la perspectiva de la revolución socialista.
En México, además, hay que recurrir a las lecciones de la Huelga de la UNAM del ´99 que luchó durante más de nueve meses en defensa de la educación gratuita, enfrentando los planes del FMI y del Banco Mundial, preservando el mecanismo democrático legado por el ’68 y conquistando al mismo tiempo la independencia de los partidos políticos del congreso como el PRD, de fuerte influencia en el movimiento estudiantil en aquel momento. De esa gesta histórica surgió un crisol de organizaciones estudiantiles, entre ellas ContraCorriente, con las cuales vimos desarrollarse una fuerte lucha política por darle un destino triunfante a la lucha. Contracorriente fue parte de una generación que en 1999 cuestionó la transición pactada y retomó, como uno de sus objetivos estratégicos, la lucha por la revolución socialista que, para ese entonces, era visto por los intelectuales del régimen y de la centroizquierda como una lucha anticuada y desfasada de la historia.
De todas estas luchas recuperamos el internacionalismo y el anti imperialismo, la autorganización democrática desde la base, la independencia política de los partidos patronales del régimen, la necesidad de luchar codo a codo en unidad con los trabajadores, de organizarnos políticamente y de la lucha política entre corrientes y tendencias que, lejos de debilitar al movimiento estudiantil, lo fortalecen. Nos consideramos herederos de estas lecciones históricas y parte de una nueva generación de jóvenes sin miedo que sale a luchar y a ponerse a tono con los nuevos procesos de la lucha de clases y las discusiones estratégicas por venir.
Una Juventud que luche contra la militarización, el feminicidio, la criminalización y la persecución a luchadores sociales
La lucha contra la antidemocracia debe retomar con todo la lucha contra la militarización del país que ha sido implementada con el pretexto de una supuesta “guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada” que maquilla la subordinación en materia económica y seguridad nacional a los mandatos del gobierno estadounidense que busca a través de estas políticas recuperar hegemonía en Latinoamérica. A través de tratados y alianzas como el Plan Puebla Panamá, el Plan Mérida, la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, se ha emprendido una ofensiva militarista en Centroamérica que da continuidad a la ofensiva en el Cono Sur que dio inicio con el Plan Colombia. Esta nueva ofensiva favorece los lazos de subordinación de México a Estados Unidos, como bastión para impulsar una estratégica de sobreexplotación de recursos energéticos, naturales y su libre comercio por el hemisferio, además de contener la protesta social.
La creciente injerencia de agencias estadounidenses de seguridad como la CIA, el FBI, la ATF implicados en el lavado de dinero de los cárteles de la droga en operaciones como “rápido y furioso”, la instalación de la Oficina del Sistema Interamericano contra el Crimen Organizado en México a través de la PGR, el fortalecimiento del Comando Norte y los millones de dólares asignados a través del Plan Mérida a la militarización del país advierten los objetivos estratégicos de la política de Seguridad Nacional que ha impulsado el régimen de conjunto desde los gobiernos federales de Fox y Calderón, con el acuerdo de los gobiernos locales y el Congreso. Desde la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional en 2005 hasta la intentona de reforma de la misma en 2011, el régimen ha demostrado su plena disposición a aumentar los lazos de subordinación y su intransigencia respecto de una política que, lejos de combatir las grandes ganancias del narcotráfico, ha dejado el país colmado de cadáveres y desaparecidos.
La salida de los militares a las calles, la cada vez mayor injerencia de las fuerzas armadas en la política, la militarización de las policías estatales y municipales, la implementación de operativos conjuntos en todo el país, el fortalecimiento del CISEN y la plena potestad en materia de seguridad de un Consejo de Seguridad que otorga facultades a los poderes ejecutivo y judicial por encima del legislativo, recorta por la vía de los hechos libertades democráticas elementales sentando condiciones óptimas para la persecución, represión y asesinatos de luchadores sociales, periodistas y defensores de derechos humanos. Los asesinatos de las luchadoras contra el feminicidio en Cd. Juárez como Josefina Reyes Salazar y los consecutivos asesinatos y desapariciones de su familiares, de Susana Chávez o Marisela Escobedo; el asesinato de luchadores del MPJD como Don Trino de Ostula,  Nepomuceno Moreno o Pedro Leyva, de estudiantes activistas como Carlos Sinuhé Cuevas Mejía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM o los normalistas de Ayotzinapa, son claros ejemplos de ello. Algunos de estos asesinatos fueron cometidos por grupos paramilitares, en complicidad con las autoridades locales o bien por encargo directo de éstas, como denunciaba el año pasado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La militarización golpea duramente, además, a los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y migrantes ilegales. Ha traído consigo, el incremento alarmante del fenómeno del feminicidio en más de un 500%, así como su extensión a nivel nacional y el fortalecimiento de las redes de trata y la prostitución forzada. Bajo la sombra de la militarización han aparecido fenómenos barbáricos como el juvenicidio, las masacres de jóvenes en los barrios pobres de las ciudades militarizadas del norte del país como en Villas de Salvarca y ha crecido el secuestro y asesinato de migrantes centroamericanos de paso hacia Estados Unidos. Casos donde las denuncias de participación y colusión de la Policía Federal, el ejército o el Instituto Nacional de Migración con las bandas del narcotráfico abundan. Las fosas comunes de San Fernando en Tamaulipas y en Durango arrojan indicios del cruento fenómeno de las desapariciones que han aumentado a 24 mil a nivel nacional.
Para poner un freno de emergencia y conquistar la desmilitarización del país, es necesario impulsar una política decidida que urja a los sindicatos, las organizaciones obreras y populares, lo mismo que a los defensores de derechos humanos a que retomen la lucha contra la militarización como un eje programático de primer orden contra el régimen de conjunto que a través de los gobiernos federales, locales y el Congreso aplica planes en nuestra contra para seguir arrebatando nuestros derechos y conquistas. Sin embargo, lejos de ello el fraudulento e impuesto gobierno de Peña Nieto planea continuar y profundizar la militarización de la mano de personajes lúgubres como el asesor colombiano Oscar Naranjo, autor de la paramilitarización de la lucha “contra el narcotráfico” bajo el Plan Colombia en aquel país.
Solamente la desmilitarización inmediata del país propiciará el cese al juvenicidio, el feminicidio, las desapariciones, la persecución y los asesinatos de luchadores sociales, periodistas y defensores de derechos humanos. Frente a los carteles, sus fuerzas paramilitares y la militarización que se hace cada vez más profunda, la única salida para preservar la integridad de los trabajadores, la juventud y el pueblo es la organización de comités de autodefensa, a partir de las organizaciones obreras, estudiantiles y populares que se planteé, además, emprender esta lucha en una perspectiva internacionalista. La lucha contra la militarización en México es una lucha contra la militarización hemisférica. Desde la frontera del maple, pasando por el Río Bravo y el Suchiate, el Canal de Panamá y las islas del Caribe, desde Bogotá hasta Montevideo, la lucha contra la militarización y la injerencia imperialista del vecino del norte tiene que ser concebida como una lucha más allá de las fronteras nacionales. Toda lucha por la defensa cabal de los recursos energéticos, los metales y minerales, desde Chile hasta Coahuila y Texas, es una lucha contra estos planes que justifican la militarización de nuestras vidas. Es urgente, además, que la lucha contra la militarización sea impulsada por la clase trabajadora norteamericana desde las entrañas del monstruo imperialista.
Todo el proletariado de América tiene que hermanarse en torno al grito ¡Por la cancelación inmediata de todos los planes de subordinación a Estados Unidos de México y América Latina! ¡Cancelación del Plan Mérida, la ASPAN, el Comando Norte, la Cumbre de las Américas! ¡Por la disolución del Instituto de Migración! En México, es urgente plantar ¡Alto a la militarización del país! ¡Por la derogación de la Ley de Seguridad Nacional, la desaparición de las policías militarizadas y de mando único, por el regreso inmediato de las fuerzas armadas a los cuarteles!
Sin embargo no bastará con esto: hay que retomar la consigna de la disolución de los cuerpos represivos que se conquistará integra y efectivamente con la disolución del Estado burgués y su aparato represivo que detenta el monopolio de la violencia. Una juventud que se prepare en una perspectiva revolucionaria para vencer, debe desconfiar de la posibilidad de humanizar a las fuerzas represivas, cuya función central en el estado burgués es la defensa de la propiedad privada. La humanización de las cuerpos represivos que plantean las direcciones políticas como la de AMLO y el PRD, dejan de lado impunemente que los policías y los militares no son trabajadores, ni pueden ser nuestros aliados, por el contrario, son el brazo armado que se encarga de reprimir toda oposición a los planes de los capitalistas contra los trabajadores o los intentos por subvertir este orden fundado en la explotación y la opresión. Todo el repudio a los cuerpos represivos, a la Policía Federal, responsable de la represión al CGH, las violaciones y torturas en Atenco y el Ejército asesino, deben ser denunciados como los principales orquestadores de miles de muertes, desapariciones y violaciones a derechos humanos.
Una Juventud que pelee por la legalización de las drogas
Para desarticular los grandes negocios de los capos de la droga y su cadena de complicidad con las autoridades, el gobierno y los empresarios “legales” y terminar contra la supuesta “guerra contra el narco”, que es el gran pretexto de la militarización, es necesario luchar por la legalización de las drogas. Es la única manera de evitar que la juventud y el pueblo pobre sean criminalizados como el “eslabón más débil del narcotráfico” y acusados de sicarios o narcomenudistas. Mientras no se conquiste la legalización de las drogas, los jóvenes seguiremos siendo encarcelados y perseguidos, mientras los grandes jefes del narcotráfico gozan de libertad y de millonarias ganancias, producto de la protección y complicidad de las autoridades en el ejército, la Policía Federal y los distintos órdenes de gobierno, responsables de las decenas de miles de muertes y desapariciones.
De la misma forma la legalización de las drogas debe comprender la despenalización del consumo. El Estado no puede seguir decidiendo qué hacemos o no con nuestro cuerpo. Ésta es una forma más de la opresión a la que nos somete el sistema capitalista que, lejos de preocuparse por la drogadicción como un problema de salud a atender entre la juventud, nos penaliza por usar drogas con fines recreativos, a la par que nos niega toda posibilidad de acceso a la educación, la cultura, la recreación y la diversión. Impulsando la lucha por la legalización de las drogas podemos cuestionar las ganancias extraordinarias obtenidas por los cárteles a través de la distribución ilegal y el dominio que los mismos ejercen sobre amplios sectores de la juventud. Ganancias de las que se benefician además los funcionarios, desde alcaldes, gobernadores, legisladores, mandatarios, que participan de las grandes operaciones de lavado de dinero a través de grandes bancos como HSBC que facilitan, como ha sido denunciado en reiteradas ocasiones, las trasferencias de millones de dólares provenientes del lavado de dinero del narco hacia países como Estados Unidos o Inglaterra. Esta demanda debe ir acompañada con el ataque directo a las redes financieras del lavado de dinero, con una lucha por la expropiación y nacionalización de las propiedades y cuentas millonarias de los grandes narcotraficantes, sus socios-cómplices en las empresas legales y las autoridades encubridoras.
Una juventud por los derechos de las mujeres  y de la comunidad sexodiversa, contra la injerencia de la iglesia en nuestras vidas
Durante los últimos años los partidos patronales han impulsado una reaccionaria ofensiva contra la laicidad de la vida pública y política, que ha consistido en liberar las restricciones para la participación del clero en asuntos de política y vida pública, robusteciéndolo para defender su reaccionaria agenda en relación al aborto, la sexualidad, la familia patriarcal y heterosexual y así fortalecerse frente al avance de otras religiones que amenazan su gran negocio de la “fe”. Se trata de toda una serie de ataques a la laicidad de la vida pública, de concesiones reaccionarias hechas al catolicismo por el régimen político durante los últimos 20 años y, con ello, de un fortalecimiento de los ataques contra los derechos elementales de las mujeres y de la comunidad LGBTTI.
Entre estos ataques, se encuentran la reforma al artículo 24 constitucional concedida a la iglesia en el preámbulo del proceso electoral; las retrógradas leyes antiaborto que criminalizan y condenan hasta con 35 años de prisión la decisión de las mujeres sobre su cuerpo y la maternidad; el rechazo a la promoción de la educación sexual en las escuelas negando el derecho al matrimonio a la comunidad LGBT, promoviendo la homofobia y creando condiciones aptas para el incremento de los crímenes de odio. Al mismo tiempo, el gobierno permite el enriquecimiento de los grandes jerarcas de la iglesia, algunos incluso bajo sospecha por lavado de dinero, vía las narco-limosnas, y se ha cobijado a pederastas y violadores católicos como Marcial Maciel. Esto a cambio, de que la iglesia, de gran influencia política y social en México, avale medidas como la militarización y los ataques a los derechos del pueblo pobre y trabajador.
Hay que desenmascarar el papel reaccionario que ha jugado la iglesia como garante e ideólogo de los intereses y privilegios de las clases dominantes en contra de los explotados y oprimidos, como el ejemplo del sinarquismo y el movimiento cristero, férreos opositores de la revolución mexicana y todo lo relacionado con ella. A la denuncia del rol reaccionario de la iglesia, la discriminación y la intolerancia hipócrita que promueve, hay que sumar el combate por el derecho al aborto libre, gratuito y seguro en todo el país, por la excarcelación de las mujeres presas por abortar, por tirar las leyes antiaborto, por la igualdad de derechos para la comunidad sexo diversa, por el fin de los crímenes de odio a la comunidad LGBTTI y por el juicio y castigo a los curas pederastas y violadores, lo mismo que para quienes los encubren desde el gobierno o la alta jerarquía católica.
 
Una Juventud que luche por el acceso irrestricto a la educación pública y gratuita y por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo
Producto de una ofensiva desatada durante los últimos 20 años en contra de la educación pública y gratuita, somos cientos de miles de jóvenes quienes no encontramos un lugar en la educación pública y gratuita, 521 mil durante el último examen de admisión, viéndonos excluidos de la educación universitaria y media superior y obligados a engrosar las filas de los más de siete millones de jóvenes que no tienen acceso a la educación ni al empleo.
Esta creciente exclusión que nos afecta a los hijos de la clase trabajadora, el campesinado y el pueblo pobre es resultado de una enorme ofensiva que ha consistido en la aplicación de exámenes filtro como el de COMIPEMS, recortando por esta vía las matrículas de las universidades y escuelas públicas de bachillerato, incrementando a la par las cuotas y cobros ilegales dentro de las mismas. A la par en las universidades  se han puesto los planes de estudio a tono con las necesidades y demandas de los capitalistas y organismos financieros como el Banco Mundial y el FMI, entregando además las investigaciones que se producen dentro de las aulas a grandes transnacionales con las que se firman acuerdos de “colaboración” e investigación conjunta. Con todo esto los favorecidos no hemos sido, por supuesto, los millones de jóvenes del país, sino las empresas privadas que durante estos años de golpes a la educación pública han incrementado sus ganancias, convirtiendo el derecho a la educación en un jugoso negocio. Es el caso del CENEVAL, encargado de los exámenes de exclusión de la educación pública y gratuita, y el ingreso a las escuelas privadas que atienden el 30% de la demanda de educación, beneficiadas de las becas otorgadas por el gobierno para dichas escuelas, apropiándose de los recursos que debieran dirigirse a fortalecer el sistema público de educación.
Por esto es fundamental que los jóvenes estudiantes y quienes han sido privados de la educación, luchemos de manera conjunta por el incremento del presupuesto educativo y el acceso irrestricto a la educación media y superior además de la defensa plena del derecho a la educación pública, gratuita y laica para los trabajadores, campesinos, el pueblo pobre y sus hijos. Esto sólo se garantizaría hasta el final con el no pago de la deuda externa, la imposición de impuestos progresivos a las grandes fortunas, la expropiación de todos aquellos empresarios que han engordado sus carteras producto de arrebatarnos nuestro derecho a la educación y el recorte sistemático de los enormes sueldos y gastos de la alta jerarquía de las autoridades universitarias. Para conseguirlo es preciso retomar el ejemplo de los compañer@s estudiantes de Chile y Canadá que han confiado en la movilización callejera y sus métodos de lucha, como la toma de colegios y universidades, defendidas por la vía de la autodefensa contra la represión.
La educación universitaria tiene que estar puesta al servicio de los trabajadores y el pueblo, poniendo el conocimiento e investigaciones realizadas en sus aulas e institutos al servicio de sus necesidades, para garantizar el acceso irrestricto al conocimiento y la cultura que hoy es privilegio de unos cuantos. Para conseguir este objetivo es necesario pelear porque las universidades tengan una organización acorde con él. De ahí que luchamos porque los trabajadores, los académicos y los estudiantes seamos los encargados de definir el rumbo que toman las universidades. Es así como podemos implementar medidas tales como la existencia de comedores y centros de fotocopiado subsidiados, el diseño de los planes de estudio, de difusión de la cultura e investigación, el otorgamiento de becas, el incremento de la matrícula y toda aquella medida que garantice la gratuidad y el carácter publico de la educación. Con esta perspectiva es que consideramos que hay que participar dentro del movimiento estudiantil, pero para ir más allá, en la lógica de poner esfuerzos al servicio de que surja al seno del mismo, un ala pro obrera, revolucionaria, internacionalista y antiimperialista.
Desde la agrupación estudiantil ContraCorriente, hemos dado esta pelea durante ya trece años en el movimiento estudiantil, dando luchas políticas porque cada vez más compañer@s asuman este reto. Pero también rescatando las ideas que sirvan de base al surgimiento de esta ala revolucionaria en el seno de estudiantado, es decir, el marxismo revolucionario, impulsando para ello la Cátedra Libre Karl Marx durante ya ocho años, desde donde hemos enfrentado a los ideólogos de la burguesía que trataron de enterrar su arsenal teórico y político.
Desde esta juventud intentaremos poner en pie dentro del movimiento estudiantil una generación dispuesta a ligar sus destinos y sus luchas a las de los trabajadores, los campesinos y el pueblo pobre, asumiendo sus batallas como propias y que recuperando la tradición y enseñanzas de los movimientos estudiantiles de los 60’s y 70’s, pase “del cuestionamiento de la universidad de clase al cuestionamiento de la sociedad de clases”.
Una juventud que luche contra la precarización del trabajo juvenil y los planes para hacernos pagar la crisis económica
Millones de jóvenes somos arrojados sin más de las universidades y escuelas orillados al desempleo junto con los 75 millones de jóvenes desempleados a nivel internacional, 12.7% de la población juvenil y poco más de 7 millones a nivel nacional, 9.1% de la juventud, producto de la crisis económica del 2008 continuada y agravada durante ya cinco años. De esta manera somos empujados a un mercado laboral en el que, cuando trabadamente logramos encontrar un empleo, es bajo condiciones de total precarización, en que se nos niegan los derechos elementales por los que la clase trabajadora ha luchado durante decenas y decenas de años y que actualmente el gobierno en complicidad con la burocracia sindical nos quieren arrebatar.
Este régimen nos impone trabajos en que somos súper explotados, sin derechos elementales como la sindicalización, derecho a plazas permanentes y la contratación colectiva, un salario digno, seguridad social y el derecho a la salud, sometiéndonos a esquemas de contratación como el outsourcing, la contratación a prueba, temporal o por “prestación de servicios”, atropellos avalados en un sinnúmero de ocasiones por sindicatos blancos al servicio de los patrones y por las juntas de conciliación y arbitraje. Y es que para los patrones y los gobernantes, los trabajadores y sobre todo los jóvenes, empujados por el hambre y la necesidad al trabajo, no somos más que mercancías desechables, reemplazables por un número indefinido de jóvenes más formados en la larga fila del desempleo, esperando su turno para gozar del “derecho” a ser explotados en las fábricas, los call centers, los servicios y el trabajo terciarizado, la maquila, etc. en las peores condiciones.
 Las muertes constantes de mineros en los “pocitos” de carbón, como en Pasta de Conchos, son una muestra del trato y las precarias condiciones en que los jóvenes y trabajadores nos vemos obligados a laborar, sometidos a una legislación hecha para que las muertes mineras sean más baratas que las condiciones de seguridad mínimas y en que los derechos de la clase trabajadora no son más que letra muerta. Las autoridades, preocupadas por responder a los intereses y exigencias de la patronal, ya que no podría ser de otra forma, continúan atacando nuestros derechos y conquistas o lo que queda de ellas, como sucedió con la extinción de Luz y Fuerza del Centro y el despido injustificado de más de 40 mil trabajadores, como sucede con la amenaza de liquidación de los trabajadores del IMSS, con la ofensiva a los trabajadores del magisterio a través de la ACE y las medidas derivadas de la misma.
Esta ofensiva se expresa con la aprobación de la reforma laboral, que nos dejará sin derecho a  la sindicalización y a la huelga, con contratos a prueba y salarios de hambre, desprotegidos ante los despidos de la patronal, sin prestaciones, sometiéndonos así a la nula estabilidad laboral. Esto se expresa con la reforma al sistema de pensiones que terminará dejándonos a las jóvenes generaciones sin atención a la salud, pensión o jubilación suficientes; la reforma fiscal, que incrementará y creará una serie de impuestos que recaerán sobre nosotros, descontando o condonando a  los monopolios y oligopolios, el pago de los mismos, haciéndonos pagar la crisis de los capitalistas. A esto se suma el mermado poder adquisitivo de nuestros míseros salarios, deteriorados en 75% los últimos 25 años, 42.1% sólo durante el último año. Esto mientras la inflación avanza, dejándonos sin posibilidad de adquirir siquiera la canasta básica, dejándonos en la miseria y la pobreza alimentaria.
La situación se agrava entre las mujeres jóvenes, incorporadas durante las últimas décadas al campo laboral en condiciones extremas de precarización, golpeadas hoy por la crisis que afecta aquellos sectores en que la mano de obra es preponderantemente femenina, como en la industria textil. Esta situación se recrudece doblemente para las mujeres trabajadoras que ganan menos por el mismo trabajo que los varones y ocupan puestos en peores condiciones, potenciado por el hecho de que una cantidad enorme de mujeres jóvenes, son madres solteras que se ven obligadas a trabajar bajo estas condiciones para sostener a su familia, soportando además la doble jornada laboral en el hogar.
 Ante estas condiciones súper explotadoras y los bajos salarios a los que estamos sometidos el grueso de la juventud trabajadora, tenemos que levantar un programa que luche contra la precarización del trabajo que aumenta las ganancias de los capitalistas a costa de nuestra calidad de vida. Ante la crisis y la ofensiva de los capitalistas, es necesario hacerse de un programa de emergencia que parta de la defensa de los más elementales derechos laborales que la clase obrera conquistó a sangre y fuego, luego de arduas batallas, derechos que los patrones hoy nos quieren arrebatar. Esto implica luchar por echar abajo la actual reforma laboral, por la defensa del derecho a organizarnos en sindicatos que nos sirvan como herramientas de lucha y que estén al servicio de defender nuestros intereses y no de los intereses de la burocracia ni la patronal. Pasa también por la lucha contra la burocracia sindical y por la democratización de las organizaciones sindicales, por defender el derecho a huelga como nuestro método de lucha y defender a pulso la contratación colectiva para hacer frente a las condiciones leoninas que los patrones buscan imponernos y por la estabilidad en el trabajo que nos garantice la subsistencia.
Partiendo de un programa que defienda las conquistas más elementales, hay que plantearnos una lucha porque la crisis la paguen los capitalistas, responsables de la misma a causa de su asquerosa sed de ganancia a toda costa. Contra el desempleo y el trabajo precarizado, los trabajadores jóvenes debemos apuntar al reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, terminando con la desocupación y el hambre, tendiendo a reducir la jornada de trabajo, sin reducción de los salarios, a costa de las ganancias patronales. Es urgente luchar además contra el trabajo precario, porque el trabajo sea digno, que no nos arrebate las energías de nuestra juventud en fábricas, call centers y maquilas en condiciones denigrantes, por el fin del outsourcing y la tercerización. Por ello ante los salarios de hambre, hay que luchar por un aumento salarial de emergencia y a partir de ello, escala móvil de salarios con aumentos de acuerdo al costo de la vida y el alza de precios.
 Asimismo, en respuesta a la situación de las mujeres y jóvenes trabajadoras, es preciso luchar por la igualdad de salarios, por guarderías, comedores y lavanderías públicas y gratuitas, con subsidios del Estado y con recursos bajo control de los trabajadores que provengan de impuestos a las grandes fortunas patronales. En la lucha contra las condiciones económicas y sociales que dan paso a la opresión de las mujeres y buscando su desaparición, abriremos el camino para el desarrollo de la verdadera igualdad, hacia la consecución de la desaparición de la opresión a las mujeres. Como decía Trotsky, “esta juventud sin derechos constituye en la historia un factor explosivo de primer orden”, este es el potencial que queremos poner en juego.
Una juventud internacionalista y antiimperialista
Para poner en pie una verdadera Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria en un país como el nuestro sometido desde siempre al imperialismo, es necesario hacerlo con base en una clara y bien cimentada definición antiimperialista e internacionalista, desde una juventud que se proponga luchar contra la expoliación de las riquezas y recursos naturales por parte de las empresas transnacionales de los países imperialistas que, a través de la imposición de tratados como el TLC y el Plan Mérida subordinan nuestros países a los intereses económicos de los imperialismos europeos y yanqui. Una juventud que combata las medidas de corte represivo que, disfrazadas bajo el discurso de la cooperación en materia de seguridad o del combate al crimen organizado como la militarización, nos imponen a través de gobiernos lacayos a su servicio, para garantizar sus grandes negocios en la región. El imperialismo es capaz de todo con tal de conservar su hegemonía y garantizar sus intereses a costa de la opresión y la represión de los pueblos sometidos. Basta recordar que el imperialismo estadounidense apoyó directamente el golpe de estado de 1973 en Chile a fin de cortar de tajo la lucha de los trabajadores chilenos y que llevó a la instauración de la dictadura pinochetista; apoyó las dictaduras militares latinoamericanas y la intervención en Haití con la MINUSTAH con el pretexto de la ayuda humanitaria. O bien mirar el soporte por parte del imperialismo yanqui y los distintos imperialismos europeos del genocida Estado sionista de Israel para apoderarse del territorio palestino a costa de la vida de su pueblo, el apoyo a las dictaduras del Magreb derribadas por la Primavera Árabe en 2011 o bien la intervención militar de la OTAN en Libia con la intención de apagar el gran incendio revolucionario del norte de África y Medio Oriente.
Y es que para luchar por la resolución de las demandas más sentidas de los trabajadores, la juventud y el pueblo pobre hay que hacerlo pensando en que darles respuesta cabal es imposible en una semi colonia como México sin tocar los intereses económicos y políticos del imperialismo y sin enfrentarse a los ataques del mismo. Esto, en México, quiere decir luchar contra la injerencia imperialista en el país implementada a través de agencias como la CIA o el FBI bajo pretexto de la “colaboración” bilateral en materia de seguridad. Por la expulsión inmediata de todos los agentes del imperialismo en el país, es parte del programa que debe levantar una juventud antiimperialista, además de dar la lucha contra la militarización del país mandatada, planificada y financiada desde Washington con mecanismos como la Iniciativa Mérida, oponiéndose desde ahí a la política militarista, injerencista e intervencionista en Centroamérica, el Caribe y toda América Latina. Hay que levantar la lucha por la cancelación de la Iniciativa Mérida y la ruptura de toda “cooperación” en el campo del combate al narcotráfico en México y en la región, contra las maniobras militares de las fuerzas represivas yanquis y las 47 bases imperialistas en la región, estadounidenses en su mayoría, entre ellas Guantánamo, por la salida de las tropas en Haití y la recientemente pactada en la frontera mexicana con Guatemala.
Esta lucha partirá de combatir la injerencia e intervencionismo en Latinoamérica, como la juventud de los 60’s que se opuso y combatió contra la guerra de Vietnam luchando contra toda intentona barbárica imperialista para imponer sus condiciones en cualquier región y contra los pueblos oprimidos. Por eso hay que decir a plenos pulmones ¡Abajo los ataques de la OTAN contra la lucha de los trabajadores y el pueblo libio! ¡Fuera tropas de Afganistán e Irak! ¡Alto al genocidio del pueblo palestino! Junto a ello hay que luchar contra la expoliación, el saqueo de nuestros recursos naturales, por la cancelación del TLC, el Plan Mérida y todos los tratados y medidas que subordinan nuestros países económicamente y políticamente a favor del imperialismo. Esta perspectiva conlleva la lucha por los derechos de los trabajadores migrantes ilegales que, provenientes de toda Latinoamérica y obligados a cruzar la frontera norte para escapar de las condiciones de miseria en que les han dejado los planes de saqueo imperialista, ven pisoteados sus elementales derechos democráticos, sus derechos humanos y trabajan en condiciones de explotación extraordinarias, sometidos además a la criminalización y a la represión cuando no son más necesarios a ojos de los capitalistas.
¡Abajo las fronteras en la lucha contra el capital! es parte de las banderas que orgullosamente levantará esta juventud internacionalista, como parte de la necesaria lucha internacional de los trabajadores, los explotados y los oprimidos contra el capitalismo imperialista. Es necesario que esta juventud se dé a la reconstrucción del internacionalismo, como esencia fundamental en las luchas de los jóvenes, los trabajadores y los pueblos oprimidos en la búsqueda de su emancipación a lo largo del siglo xx. Cada batalla de los explotados y oprimidos en cualquier lugar del mundo será abrazada solidariamente por esta juventud anticapitalista, socialista y revolucionaria, que hará lo posible por aprender de sus triunfos y sus derrotas, sabiendo que los explotados tienen un enemigo común, el capitalismo y sus agentes. Todas las fuerzas contra el imperialismo, todas las lecciones recuperadas y la solidaridad puestas al servicio de las luchas por venir para contribuir a la organización internacional de los explotados y oprimidos en su lucha por la emancipación.
Una juventud que luche contra la devastación ambiental
En nuestra época, son de enorme importancia los problemas derivados del deterioro planetario: calentamiento global,  devastación forestal, pérdida de biodiversidad, etc. Ante ello, los grandes medios de comunicación, asociaciones civiles y gobiernos lanzan campañas de “concientización” sobre la “responsabilidad común” de la catástrofe ambiental invitando al “uso racional” de recursos naturales, ahorro del agua, de electricidad; separación de residuos sólidos, etc.  Sin embargo, a lo largo del mundo millones de voces denuncian la destrucción planetaria por parte de los grandes capitales que, a través de la industria, depredan al planeta con el afán de continuar aumentando sus ganancias. Son los grandes intereses económicos los que consumen y agotan los recursos del planeta para sostener la producción de gigantescas cantidades de mercancías, motor de la economía capitalista.
Por ello consideramos que las luchas a ecologistas no se pueden reducir al plano de la conciencia y las acciones individuales. La lucha por preservar nuestro planeta debe cuestionar las raíces de la devastación ambiental: la sed de ganancias capitalista. Las luchas en defensa del ambiente se han extendido por todo el mundo abracando un amplio espectro de sectores sociales: desde campesinos afectados por la tala inmoderada, despojados de sus recursos naturales, hasta a los habitantes de los centros urbanos afectados por el incorrecto manejo de los desechos contaminantes. En México es conocido el reciente caso de la comunidad de Huexca, Morelos, que demanda el cese de la construcción de una termoeléctrica que pondría en riesgo sus acuíferos y sus parcelas; la región de Wirikuta amenazada por la minería, así como los pobladores de la Gloria del Valle de Perote, Veracruz afectados por la instalación de las granjas industriales Caroll, etc.
Ante este panorama consideramos indispensable que los jóvenes tomemos parte en la lucha contra la devastación ambiental. Para ello es necesario pronunciarnos a favor de la autodeterminación de los pueblos indígenas y por el respeto a sus  recursos naturales. Debemos denunciar la voracidad de las transnacionales que depredan nuestros recursos: en defensa del suelo y del agua.  Asimismo, es fundamental terminar con el control monopólico y privado de las energías no renovables, que están además agotándose. En México, el intento de privatización del petróleo y la electricidad sigue avanzando. Esto deja la puerta abierta al uso anárquico y desproporcionado de los recursos, mientras se encarece el precio de los combustibles. A ello, oponemos la renacionalización de las industrias estratégicas (petróleo, gas, etc.) sin indemnización y bajo control de sus trabajadores, que junto a los usuarios discutan en comités conjuntos, un gran plan de obras públicas,  para tratar de garantizar un uso racional en beneficio de la sociedad.
Para ello es necesario que se teja una alianza con las comunidades y organizaciones indígenas y campesinas que luchan pero sobre todo con la clase trabajadora quienes, a través de sus métodos de lucha pueden paralizar los resortes de la maquinaria capitalista. Esto combinado con la lucha por poner la ciencia y la técnica al servicio de los trabajadores y el pueblo, pues bajo el dominio político de la burguesía, éstas están el día de hoy puestas en manos de unos cantos que las utilizan para satisfacer su sed de ganancias. Ejemplo de ello es el uso de las tecnologías nucleares en la fabricación de armas de destrucción masiva. Mientras millones mueren a lo largo del mundo por enfermedades curables, los centros de investigación médica se dedican a la fabricación de armas biológicas.
Por ello,  la juventud debe abrazar la defensa del planeta desde una perspectiva anticapitalista e independiente. Independiente de las trampas que intenta ponernos el sistema capitalista a través del llamado “capitalismo verde” (y de las ONG´s como Green Peace que lo promueven) que es sólo una manera de disfrazar la expoliación del planeta y además, una nueva fuente de ganancias. Ejemplo de ello son los “bonos de carbono” acordados por los organismos financieros internacionales en la COP16 y que buscan “vender” el derecho a contaminar el aire. Nuestra perspectiva debe ser también contra estos organismos que mediante REDD++ buscan apoderarse de los recursos de los pueblos de las naciones dependientes. En ese sentido la lucha ambientalista de la juventud debe ser una lucha antiimperialista.   Debemos luchar contra la idea del “desarrollo sustentable” que anuncian los defensores del sistema económico actual: no existe un desarrollo sustentable bajo el capitalismo.
Por ello, la solución de raíz a los enormes problemas ambientales que hoy nos afectan es la destrucción de este sistema depredador que devora los recursos finitos de nuestro planeta en su sed de ganancias infinitas. El sistema capitalista que, en palabras de Marx, nació chorreando sangre y lodo por todos los poros, no sólo explota a millones de seres humanos sino que además explota el planeta al punto de la devastación. Este sistema debe ser rebasado y sustituido por una economía planificada que pueda estar en armonía con la naturaleza al tiempo que satisface las necesidades de toda la Humanidad y no sólo la sed de ganancia de un puñado de capitalistas. Este sistema es el socialismo. Por ello la lucha por el socialismo es la perspectiva que debemos tener para salvar a nuestro planeta de la catástrofe que hoy lo amenaza.
Una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria que luche por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre
Los jóvenes que nos levantamos hoy en todo el mundo en contra de la crisis capitalista y sus consecuencias cuestionamos porqué mientras millones de seres humanos en el mundo padecen hambre cargando sobre sus espaldas los costos de la crisis económica, otros, unos pocos como los grandes banqueros y los capitalistas dueños de los grandes monopolios y oligopolios, siguen gozando de enormes ganancias. Ellos se benefician de los millonarios rescates que los gobiernos y sus agentes en el Estado les proporcionan, arrebatándolos de los bolsillos de la clase trabajadora, de los fondos para pensiones, para educación y salud, incrementando el desempleo, recortando derechos laborales, las libertades democráticas y una larga serie de medidas que nos dejan a los explotados y oprimidos cada vez en peores condiciones de vida. Somos los trabajadores y el pueblo pobre quienes generamos la riqueza que ellos extraen, y a quienes quieren descargar la crisis que ellos generaron.
Todas estas son las consecuencias inevitables inherentes al sistema capitalista y su funcionamiento anárquico, producto de la persecución desquiciada de ganancias por parte de los empresarios, que se erige sobre la colonización de naciones enteras, sobre la explotación y opresión de millones de hombres y mujeres. Un sistema en que unos cuantos capitalistas, dueños de los medios de producción, los servicios, las comunicaciones, las tierras y los recursos naturales obtienen sus riquezas de la expoliación de territorios que no les pertenecen y se apropian del trabajo ajeno realizado en las fábricas, los talleres y centros de trabajo, por todos aquellos que cuentan únicamente con su fuerza de trabajo para sobrevivir: la clase trabajadora.
Pero para seguir garantizando sus negocios y satisfacer su hambre de ganancias a costa de la vida de millones de personas, los capitalistas cuentan con una herramienta: el Estado burgués, hecho a la medida de sus necesidades, nacido de la sociedad dividida en clases antagónicas, con intereses enteramente contrapuestos e irreconciliables. El papel de este Estado es el de conservar el orden, el estatus quo, lo cual, en una sociedad donde han sido instituidas la desigualdad, la explotación, la opresión y la represión, no puede significar otra cosa que su defensa y perpetuación en beneficio de la clase explotadora y opresora: la burguesía. Los capitalistas tienen muchos mecanismos de los cuales valerse para afianzar su dominación. Por poner un ejemplo, están los grandes medios de comunicación que le sirven de sostén ideológico, con partidos patronales e instituciones políticas que lo legitiman y le permiten sostener la mascarada de la democracia debajo de la cual se oculta la dictadura del capital. Este Estado nos tiende trampas por todos lados y trata de hacernos creer que en los marcos de las instituciones de su propio Estado y por las vías que nos ofrece se puede encontrar alguna solución a nuestros sueños, necesidades y deseos. Pueden sostener regímenes y gobiernos autoritarios y represivos como el del PRI durante 70 años o bien hacernos pensar que, cambiando de gobierno y eligiendo a un partido o una figura política “distinta” que tenga métodos y discursos distintos y nos prometa hablar en nuestro nombre y velar por nosotros, estaremos en mejores condiciones y nuestros derechos mejor protegidos. Pero ellos mismos, quienes se encargan de poner las “reglas del juego” con que se disputan el botín, son también los primeros en violarlas y en arrebatarnos los mínimos derechos y libertades democráticas conquistadas. Los fraudes electorales del ’88, 2006 y la “imposición” del mejor candidato para la burguesía en el presente 2012, nos dan cuenta de esto.
Cuando esto no es suficiente y surgen oposiciones y luchas de los que se atreven a cuestionar el orden existente y se esfuerzan en subvertirlo, esta misma burguesía reaccionaria recurre a la perversidad y crueldad para conservar sus intereses. No tiene el mínimo empacho en utilizar la fuerza de sus aparatos represivos, en colmar las calles de militares, policías y emprender la represión contra quienes se atreven a cuestionar cualquier aspecto, por parcial que sea, de la explotación y la miseria a que estamos sometidos. Lo han sufrido en carne propia los jóvenes del ’68, los campesinos de Atenco, lo sufrieron en Acteal y en Oaxaca en 2006, lo sufren nuestros hermanos de clase en África, el Medio Oriente y nuestros compañeros jóvenes en Grecia y Chile.
Ante la incapacidad histórica de la burguesía como clase para resolver esta crisis, sólo una perspectiva socialista, anticapitalista y revolucionaria se presenta como alternativa para evitar nuevas catástrofes. Una juventud revolucionaria no puede esperar que las soluciones vengan de un “capitalismo humanizado”, ni puede depositar su confianza en las instituciones y los sistemas de partidos patronales que ponen el Estado al servicio de los intereses privados y de la clase privilegiada. Toda salida reformista no es más que un espejismo y una utopía. Este sistema no se puede reformar: ni las reformas cosméticas, ni los salvatajes, ni la intromisión del Estado en la economía podrán dar una salida de fondo a esta crisis económica, ni resolver las demandas más sentidas del pueblo trabajador y la juventud. Hay que luchar por destruir este sistema de conjunto en una perspectiva revolucionaria, junto a los trabajadores, sujeto social central para esta transformación por su lugar en la producción capitalista.
En países como el nuestro, tenemos que lidiar además con la injerencia política, militar y económica de los países imperialistas y sus empresas transnacionales, sometidos a sus mandatos bajo la amenaza latente de sus botas militares. De estas experiencias se desprende que no se puede confiar en los políticos al servicio de la burguesía, sus diputados, senadores, funcionarios ni en sus partidos políticos e instituciones. Todos ellos, por su propio carácter de clase y su función como parte del aparato de dominación no tienen ni la capacidad ni la voluntad de resolver los problemas planteados. La apuesta es por ser independientes de todos los partidos patronales y figuras políticas del régimen, confiando sólo en las fuerzas de la clase trabajadora, los oprimidos y sus métodos de lucha.
Para conquistar cabalmente nuestras demandas, para terminar con la desocupación, los míseros salarios y la precarización laboral; para conquistar la educación irrestricta, la autodeterminación de los pueblos indígenas, para liberarnos de todas las cadenas imperialistas y para enfrentar a los grandes capitalistas; hay que estar preparados, hay que luchar por un programa que plantee la nacionalización y la expropiación de las industrias estratégicas como la minera, la petrolera, la eléctrica, la ferrocarrilera, etc.  Y porque estás estén bajo control de sus trabajadores. Lo mismo que la banca cómplice del lavado de dinero y la especulación, lo mismo que los servicios y los transportes. Hay que repartir las horas de trabajo entre todos y con el mismo sueldo, expropiar a los terratenientes y otorgar la tierra a los campesinos, dejar de pagar la deuda externa, cancelar el TLC, la Iniciativa Mérida y expulsar a los agentes del imperialismo del país.
Contra la voraz explotación y opresión capitalistas hay que luchar no por paliar sus peores expresiones y hacerlo más humano o por coexistir con él sin la perspectiva de destruirlo mediante la toma del poder político para derribar sus instituciones. A diferencia de corrientes que atacan parcialmente la miseria a que nos somete el capitalismo, luchando por reformas que no acaban con la explotación o creando islas dentro de un mar de capitalismo que amenaza con engullirlas, mientras que no se ataca el poder de los capitalistas, hay que dar una batalla por la revolución social y por derribar el Estado de los explotadores. Una lucha por un tipo de poder distinto, basado en la más amplia y profunda democracia directa de los organismos de autodeterminación de los explotados y oprimidos, en la perspectiva de conquistar un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.
 Hoy somos testigos del surgimiento de una nueva generación de jóvenes combativos que pelean consecuentemente contra los planes del capitalismo, que lejos de conformarse, institucionalizarse y adaptarse al sistema y sus miserias, se prepara para combatirlo hasta sus últimas consecuencias. Siendo conscientes de estas conclusiones y teniendo en cuenta la teoría y el legado histórico del marxismo revolucionario, es que vemos que representan una inapreciable guía para la acción y la práctica revolucionaria, por ello desde una gran Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria queremos apropiarnos de este legado. Las ideas, la teoría y la experiencia revolucionaria de Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky, forjadas al calor de los grandes acontecimientos revolucionarios del siglo XX como la Revolución de Octubre, la estrategia de la revolución socialista, la lucha contra la degeneración burocrática estalinista y los grandes problemas de la revolución mundial son parte del legado que a la luz de la situación internacional muestran su actualidad y vigencia.
Aportaremos nuestra energía y espíritu de lucha para construir esta organización de la juventud, como parte de la perspectiva por construir un partido revolucionario, internacionalista y socialista, que sea herramienta clave en la lucha de clases y la estrategia revolucionaria, en el periodo que se ha abierto luego de la crisis económica, una herramienta que nos permita preparar la victoria, que nos ayude a vencer en la toma efectiva del poder y la disolución de las cadenas de explotación del sistema capitalista. Queremos avanzar en la construcción de esta herramienta que nos ha dejado como lección fundamental el legado de las revoluciones y la lucha de clases en el siglo xx. No queremos ser un colectivo más, queremos confluir con los jóvenes desarrollen la mayor perspicacia, lo más combativos, con lo más ofensivo de una generación que abrace la perspectiva histórica de dedicar su vida a luchar por la revolución y barrer con todos los lastres que nos ha dejado esta sociedad de explotación, hambre y miseria. En esta tarea nos hermanamos con organizaciones de la juventud revolucionaria en Europa, al Norte del canal de Panamá y al sur de América Latina, como los son en Argentina los compañeros de la juventud del PTS, o la juventud Sin Miedo en Chile y otros compañeros en Brasil, Bolivia, el Estado Español y Francia.
 A toda la juventud que deseé organizarse en esta perspectiva y luchar por la toma del poder en la perspectiva de levantar un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre; a todos los jóvenes que estén dispuestos a luchar por la revolución socialista y la disolución de las relaciones entre explotadores y explotados, los convocamos a abrazar este programa y avanzar conjuntamente en las experiencias y lecciones, tanto tácticas como estratégicas de las luchas que se han abierto en el último periodo.
¡Por una Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria!
Octubre, 2012
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