Fortalezcamos la lucha por un movimiento estudiantil pro-obrero y organizado contra el ataque de las autoridades educativas

La voluntad de nuevos sectores a salir a luchar, organizarse y movilizarse en unidad con el magisterio y contra los planes de Peña Nieto se expresó ante el desalojo del 13 de septiembre y contra la reforma educativa. Consideramos que esta tendencia se mantendrá ante los ataques por venir. Por ello la tarea de masificar el movimiento estudiantil está aún por delante, para lograr que se puedan mantener asambleas continuas en las  escuelas y que pueda impulsar la conformación de organismos de coordinación y representación interuniversitarios desde la base. Los espacios de coordinación permanente que tiendan a surgir tienen que tener una perspectiva clara por llamar a que se desarrollen estos organismos para fortalecer la movilización estudiantil. Estos jalones de recomposición, deben de ser aprovechados por los estudiantes organizados y las organizaciones que se reclaman del movimiento estudiantil para poner en mejores condiciones la organización estudiantil independiente para la lucha contra los ataques de Peña Nieto y el Pacto por México. Para ello es imprescindible que la auto-organización se profundice y desarrolle, convenciendo cada vez a un sector más amplio de impulsar asambleas por escuela y definir representantes rotativos, revocables y con mandato por semestre, por carrera y facultad/escuela, y aún cuando no haya condiciones para mantener asambleas masivas discutir de qué manera se puede expresar más directamente la voluntad de la base estudiantil con espacios como los Consejos Generales de Representantes(CGRs) u otras formas que se conquisten. Sólo así podremos definir un plan de acción y un programa que retome el sentir de amplias mayorías del estudiantado. Lo que demostró el paro y las decenas de brigadas informativas que se impulsaron, así como los boteos de solidaridad tanto para el magisterio como para los damnificados de Oaxaca, Guerrero y Veracruz, es la enorme voluntad y capacidad del movimiento estudiantil para rodear de solidaridad a las luchas sociales y de los trabajadores.

Narro alineado con el Priismo, el gobierno de Peña Nieto  y el “Pacto por México”  

pena-y-narroAsí como el desalojo del zócalo por un escandaloso operativo que incluyó elementos de las fuerzas armadas, helicópteros, antimotines y tanquetas de chorros de agua, arrojo un fuerte cuestionamiento al gobierno federal desatando una cascada de solidaridad activa con la lucha magisterial -qué ha logrado extender el plantón y moralizar a las bases docentes-, este paro estudiantil tomó por sorpresa a la Rectoría de la UNAM y otras autoridades educativas, que creían haber neutralizado el descontento juvenil mediante su doble discurso que quedo al desnudo al apoyar la reforma educativa del PRI y el Pacto por México. La Rectoría de la UNAM no se esperaba tal sensibilidad y enojo por parte de la comunidad universitaria, por lo que uno de sus objetivos ahora es ver de qué forma criminaliza y aísla a los activistas y estudiantes que nos pusimos al frente de organizar las asambleas y los paros, mediante la implementación de represalias, campañas de difamación, hostigamiento con grupos porriles (como en la ENTS, Prepas y CCHs) y hasta demandas penales como en el caso de FFyL. Esto es una ofensiva de criminalización del activismo y las organizaciones estudiantiles que Rectoría viene implementando, la cual se debe denunciar enérgicamente. Con el rector Narro a la delantera y al interior de las universidades que actúan como cajas de resonancia de las contradicciones sociales, vemos la alineación de los sectores reaccionarios y priístas –envalentonados desde el triunfo de Peña Nieto- a los planes del Pacto por México y a los planes privatizadores de los recursos naturales y los derechos sociales, como la educación y la salud.

La posibilidad de usar la fuerza pública para resolver conflictos universitarios –como en el caso de la toma de Rectoría, violentando la autonomía de la UNAM en lo concerniente a resolver sus problemas internos-, o las recientes declaraciones de Narro en favor de la Reforma Educativa como “paso necesario para el desarrollo del país”, así como la propia incitación de sectores de la comunidad universitaria para romper los paros en pos de la protección de la “democracia y pluralidad” universitaria, son expresión de la apuesta priísta de convertir a la UNAM en bastión de sus planes antiobreros y antipopulares, con él objetivo de frenar y neutralizar cualquier jalón que apunte a la recomposición del movimiento estudiantil y que pueda ver a la UNAM, la UAM, el IPN y otras universidades como espacios de solidaridad y trinchera de lucha contra las reformas estructurales y avanzando en la unidad obrero estudiantil.

PRI represor de ayer y hoy  

Dentro de las universidades y escuelas mediante la activación de grupos porriles -siempre latentes- plantillas docentes reaccionarias, represalias al activismo y prebendas para ganarse a las nuevas generaciones; y fuera, a lo largo del país con el ejército en las calles, grupos paramilitares, infiltrados y una política de mano dura que con castigos ejemplares busca disciplinar a los luchadores sociales, el PRI de antaño, de la matanza del 68, de la guerra sucia, de Acteal, es el mismo PRI que hoy viene profundizando la militarización, la represión y los planes antipopulares; es el mismo que mantiene cientos de presos políticos a lo largo del país, que vota leyes antiaborto y que fortalece la subordinación política y económica al imperialismo estadounidense mientras enriquece los bolsillos de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, a costa de la carestía y precarización de la vida de las amplias mayorías.

Por qué el movimiento estudiantil debe hacerse parte de esas luchas. ¡Unidad obrero estudiantil!

El movimiento estudiantil debe entender el papel histórico de la juventud que lucha hoy, a lo largo del globo, contra los planes antiobreros y antipopulares que vienen descargando la crisis económica sobre la población pobre y trabajadora. Somos nosotros a los que más plenamente nos afectarán las reformas estructurales, precarizando aún más las condiciones de trabajo y orillándonos a laborar sin protección sindical, sin contrato colectivo, sin prestaciones; la militarización ha tenido como víctimas “colaterales” particularmente a decenas de miles de jóvenes y mujeres que no pueden acceder a la educación ni al trabajo; incluso la política de persecución sistemática del activismo y la criminalización de la juventud (como expresan las detenciones arbitrarias del 1Dmx, 10 de junio, 1 y 13 de sept.), buscan encadenar a un sector combativo contra los planes del régimen del Pacto por México, que tanto aquí como en el mundo, viene siendo actor protagónico y catalizador del descontento social junto a la clase trabajadora y sus luchas. Por ello desde la JASyR creemos que hay que poner de pie al movimiento estudiantil y masificarlo para que sea parte de la preparación de un gran paro nacional contra las reformas estructurales del gobierno de Peña Nieto y el “Pacto por México”.   

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El sujeto revolucionario: la clase trabajadora

Por Farid Reyes (FES Acatlán)

clasetrabajadoraEl desarrollo del sistema capitalista trae consigo el desarrollo de una clase social que por su papel en la producción y su capacidad de organización es el sujeto revolucionario que puede poner a temblar el funcionamiento del sistema en su conjunto: la clase obrera.

Cuando Marx analiza profundamente la manera en la que el capital busca valorizarse, esto es incrementar su valor a la vez que se reproduce en el tiempo, concluye que el proletariado industrial, que es quien produce en primer instancia la plusvalía creando la riqueza social que después se distribuye en el conjunto del sistema, tiene la enorme potencialidad de ser quien, con paros o huelgas, pueda frenar el funcionamiento mismo de todo el sistema poniendo así en jaque la reproducción del sistema y del conjunto de la vida social.

Ahora bien, si bien el proletariado industrial (productores y transformadores de mercancías) tiene un rol central en el capitalismo, el conjunto de la clase trabajadora no es menos importante si de enfrentar al capitalismo se trata. Así trabajadores de transportes, de bancos, de servicio, del Estado o de la educación pueden hacer frente a los planes de los gobiernos ciervos del capital en diferentes momentos. Por supuesto, cuando se llegan a unir los diferentes gremios su fuerza se vuelve exponencial pues no solamente paran la producción de mercancías sino que pueden por ejemplo frenar el transporte de fuerza de trabajo a los centros de trabajo o frenar la distribución de productos en las tiendas lo cual impide la realización de la plusvalía y pone contra la pared a los capitalistas.

La clase trabajadora (entendida como el conjunto de asalariados) tiene su expresión  organizada en los sindicatos, lo cuales significan un contrapeso al poder del capital y una forma de organización que permite defender sus intereses de cara a la ambición capitalista y su afán de incrementar su ganancia, aunque hoy por hoy sea una minoría de la clase trabajadora la que se encuentra sindicalizada. Del mismo modo la clase obrera al desarrollar su conciencia, se asume como una clase internacional con dos siglos de lucha de clases donde ha ganado importantes batallas y donde ha sufrido duras derrotas, baste decir que las jornadas de ocho horas o el voto universal son resultado de la lucha, conquistas arrancadas a la burguesía.

No obstante, contra toda actitud sectaria, el proletariado debe comprender la importancia medular de forjar una fuerte alianza con todos los sectores excluidos de la lógica del capital, estos es con campesinos pobres, grupos indígenas, mujeres, estudiantes y jóvenes, desempleados, pobres urbanos o profesionales precarizados. Únicamente con esta alianza de clases explotadas se puede enfrentar efectivamente al Estado burgués y para ello es fundamental que la clase trabajadora luche por las demandas más sentidas del campesinado (como el reparto agrario) o de los pueblos originarios (como su libre autodeterminación y la defensa de los recursos naturales). Este es parte de iniciar un camino por conquistar hegemonía revolucionaria entre los explotados y oprimidos.

El neoliberalismo se impone a nivel mundial con una ofensiva ideológica que reprodujo durante años la idea del fin de la lucha de clases y con el ello el fin del proletariado, en realidad esto no puede ser más falso. La clase obrera industrial ha incrementado su número en millones a escala, la producción de mercancías, su distribución y venta concentra a la gran mayoría de la humanidad ubicada ahora en las grandes urbes. Sin embargo el enorme poder social de la clase trabajadora no se alcanza a ver dadas sus condiciones de fragmentación y  el atraso en su toma de conciencia de clase resultado de la desmoralización y el ataque que implico la restauración burguesa (ofensiva neoliberal, restauración capitalista en los ex estados obreros, triunfalismo ideológico capitalista en los años subsiguientes de la caída del muro de Berlín) lo cual permeo la subjetividad de la clase trabajadora y a sus organizaciones adaptando a la gran mayoría a los límites de la sociedad capitalista o volviéndolas escépticas al papel de la clase obrera.

Sin embargo la crisis económica en curso ha vuelto a traer a escena el poder de la clase obrera en el mundo, huelgas generales (que implican la paralización de un país entero y que demuestra en manos de quién está realmente la reproducción de la sociedad) o paros en industrias importantes (como metalúrgicos o transportes) dan cuenta de que la clase trabajadora no solo sigue viva sino que su capacidad de enfrentar al capital es enorme.

La juventud y los estudiantes pueden volverse aliados muy importantes de la clase trabajadora, abriendo camino a las luchas venideras, abonando a su toma de conciencia y solidarizándose con sus luchas. Cuando los estudiantes toman la lucha de la clase trabajadora como suya, no solo moralizan a los trabajadores al asistir a sus actos políticos o hacer visible el conflicto sino que pueden incluso jugar un rol central al ayudar a conseguir los recursos materiales necesarios para mantener una huelga por ejemplo.

Por ello desde la Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria apostamos a acompañar todas las luchas de los trabajadores peleando por su independencia política con respecto a los partidos patronales y acompañando codo a codo su lucha, discutiendo políticamente la necesidad de avanzar en la construcción conjunta de un instrumento político propio que nos permita organizar y orientar a la clase obrera en clave revolucionaria y estar en mejores condiciones para enfrentar los ataques que vienen.

Contra la represión de Mancera: Luchemos contra la criminalización de la juventud y la protesta

Por Alex Osorio (ex preso político del 10 de junio /2013) y Omar García

Desde el 1 de Diciembre se ha visibilizado la derechización en el DF (en el marco del reaccionario “Pacto por México”). El adiós de Ebrard y la llegada de Mancera fue el despliegue de cuerpos represivos, golpizas escandalosas y detenciones arbitrarias contra la juventud y los luchadores sociales en las calles. Desde entonces y llegando a la represión del 10 de junio, bajo procesos completamente viciados, fueron encarcelados decenas de jóvenes, acusados por el artículo 362 del código penal del D.F. de “ataques a la paz pública”, bastante similar al delito de “disolución social”  utilizado en 1968.

controldemultitudes01En marzo el GDF, devela su “Protocolo de contención de multitudes” como respuesta a las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos y como medida para contrarrestar el desprestigio ante su actuación el 1º Diciembre, diciendo que este protocolo se utilizara únicamente para dispersar manifestaciones “violentas” y cuando “se hayan agotado otras vías”, y responde supuestamente también al hecho de respetar los derechos humanos de los manifestantes. Todo lo cual es sólo discurso, en los hechos lo que ha venido pasando es el acrecentamiento de la represión y la “mano dura”.

El 10 de Junio, la marcha por el “jueves de corpus” transcurría sin contratiempos hasta que, a la altura de la avenida Juárez, sin razón alguna, cuerpos de granaderos intentan encapsular a un contingente, desde ahí y hasta llegar al zócalo alrededor de 9 mil efectivos escoltan la marcha, la policía continua con las provocaciones cercando la plancha del zócalo. Posteriormente, con la excusa del supuesto secuestro de un integrante de concertación política del GDF, Pedro Bello, inicia la avanzada de miles de efectivos contra los apenas cientos de manifestantes, encapsulando incluso a medios de comunicación y nuevamente se observan detenciones arbitrarias y golpizas brutales, incluso a manifestantes calles lejanas al Zócalo, como fue el caso de la detención de los compañeros de la JASyR y la LTS.

Hay que impulsar una política correcta que nos permita dar un paso adelante en reorganizar la movilización combativa.

Desde la JASyR y junto a la LTS denunciamos enérgicamente la criminalización y la represión a manos del GDF de Mancera, no sólo porque fuimos encarcelados este 10 de junio (junto a otros varios compañeros de lucha), sino porque es una política en contra de toda la Juventud estudiantil y trabajadora y los que se organizan para luchar. Categóricamente, es el gobierno de Mancera el principal artífice y responsable de esta represión. Es esa denuncia la que en primer lugar debe desplegarse en el trabajo político desde las bases, que los sectores que se reivindican del movimiento estudiantil en las escuelas (y los luchadores en los centros de trabajo), tendríamos que estar preocupados en fortalecer, si nos preocupa en algo la reorganización de la lucha juvenil y el movimiento estudiantil de manera combativa e independiente.

Por ello nos parece delirante lo escrito en “el Quebranto” #5[1], ya que no solo es impotente y abstencionista para plantear una salida concreta al problema de la represión, si no que es sectario para entender una política correcta en la defensa principista, combativa y no ultimatista de los presos políticos, siendo irresponsables y testimoniales ante la necesaria lucha por la libertad de los luchadores sociales presos.

Sin embargo no nos asombra, ya que los compañeros en su afán de reivindicar su fetichismo de la acción directa, para responder a la crítica a su concepción política, van hasta el final en la sustitución del análisis de la luchas de clases por “teorías” conspirativas y puchistas, sin importar que ello implique no responder al problema elemental de cómo enfrentar la represión.

Si “El Quebranto” considera “democratismo” a la necesidad urgente de ampliar el frente único que enfrente el recorte a los derechos y conquistas más elementales como el derecho a protestar. Tendrían que demostrar porque es incorrecto arrancarle al Estado Burgués, con la movilización combativa e independiente de amplios sectores (donde desde nuestra política expliquemos porque la clase trabajadora debe intervenir con sus métodos de lucha como el paro, la huelga y la lucha callejera con respaldo de miles desde abajo y una política combativa e independiente[2]), el pleno derecho a movilizarnos y organizarnos combativamente, como lo hizo una generación tan revolucionaria como lo la del 68 y junto a ello abrir el camino y fortalecer la lucha para ir por el resto de nuestras demandas.

Desde la JASyR y junto con los jóvenes de la LTS, como no esperamos que las perspectivas reformistas y sectarias se eliminen “de hecho”, venimos dando una fuerte discusión y lucha política para que ante el panorama de represión y criminalización, se ponga en pie una gran coordinadora contra la represión, que luche por la derogación del protocolo de control de multitudes y del artículo 362. Junto a ello, luchamos por la disolución de los cuerpos represivos y porque sea vía la autoorganización de amplios sectores que se discuta cómo enfrentar la represión y luchar contra los planes y el ataque. 


[1] “Del 1 de diciembre al 10 de junio: reflexiones sobre la independencia política y la lucha de clases” y “10 de Junio: “dos pasos atrás”.” El Quebranto #5.

[2] Si de verdad el 1º de diciembre pudiese haber sido un acto que “de hecho”, podría ayudar a ganar la independencia política del movimiento, por qué entonces, amplios sectores movilizados en esa jornada en nada se diferenciaron de la política de las direcciones sindicales burocráticas que llamaron a hacer un ficticio “cerco al congreso”.

Hay que fortalecer las filas de una alternativa revolucionaria para la juventud

Por Ariel de la FES Aragón

En el boletín Tinta Roja No. 1 hicimos una breve semblanza de cómo es que en el mundo están saliendo a luchar sectores de la clase trabajadora y junto a ellos importantes sectores de la vanguardia juvenil, quienes al ver afectados sus derechos e intereses, salen a la luchar para echar abajo las políticas antiobreras y criminalizadoras de los gobiernos capitalistas.

El fenómeno masivo de la juventud en las calles del mundo y ahora la salida de importantes luchas de los trabajadores en Sudamérica y Europa, plantea la necesidad de que las nuevas generaciones se doten de un programa revolucionario y saquen las lecciones que les permitan vencer. En este proceso, los jóvenes como los obreros y otros sectores de la población marginada mundial, van avanzando en sus niveles de consciencia, retomando los métodos de lucha de la clase trabajadora como las tomas , los paros, la huelga general y se dan cuenta de que no basta con salir a las calles y alzar la voz para que se les dé respuesta a sus reivindicaciones y necesidades, sino que es a saltos la forma en que la consciencia de las masas avanza y hoy es necesario darnos cuenta que la juventud necesita organizarse de manera combativa para echar abajo los planes que los gobiernos neoliberales aplican en contra sus derechos. Esto plantea la necesidad de la unidad de la juventud con sectores estratégicos en el capitalismo (como lo son los trabajadores) y planteando una salida unitaria con la lucha de las mujeres y la comunidad sexodiversa. Una perspectiva así puede fortalecer la movilización y ayudar a vencer en cada proceso de lucha, al tiempo que deja en mejores condiciones la organización independiente y combativa de la juventud para luchas futuras.

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Desde la JASyR llamamos a poner en pie una juventud revolucionaria que adquiera una perspectiva internacionalista y que ligue la lucha en el mundo con los procesos de la lucha de clases en México, ya que desde el movimiento #YoSoy132 y la reciente lucha del magisterio, se abrió un proceso de politización de la juventud. Por ello, desde la JASyR nos apostamos a que la juventud vuelva a salir por miles a las calles a luchar por sus derechos y que de la mano de una gran experiencia en la lucha de clases, saque lecciones programáticas y políticas para avanzar en una perspectiva revolucionaria, anticapitalista y socialista.

Intégrate a la JASyR y peleemos juntos por la unidad con los trabajadores para enfrentar los planes neoliberales

Hace unos meses, al calor del movimiento #YoSoy132, venimos construyendo una gran y nueva organización de la juventud revolucionaria. Más de un centenar de jóvenes venimos organizándonos desde una perspectiva sólida, porque consideramos que si queremos triunfar contra lo que significa el régimen capitalista, debemos tomarnos en serio la organización combativa contra el gobierno de EPN y de Mancera en el D.F. Desde la JASyR queremos organizarnos en las escuelas y junto a la juventud trabajadora que sufre de los trabajos más precarios desde hace décadas, enfrentando las más duras condiciones para acceder a la educación con más del 80% de los aspirantes rechazados de este derecho básico, criminalizándola si sale a luchar o si quiere opinar sobre sus vidas y su cuerpo.

En este sentido, desde la JASyR retomamos el marxismo revolucionario como un método para explicar la realidad y como una guía para la acción en los fenómenos de la lucha de clases que se le presenten. Peleamos por  una juventud que salga a luchar con la perspectiva de destruir el régimen capitalista, para que la juventud que sale  a luchar busque aliarse con los trabajadores. Desde este punto de vista, impulsamos que esta juventud sea internacionalista no solo de palabra sino que apoye las luchas en todo el mundo contra los planes que atacan al conjunto de explotados y oprimidos.

Desde la JASyR queremos impulsar junto con cientos de jóvenes que ya participan en los procesos de lucha  y que comienzan a despertar a la vida política, una gran organización que nos ponga en mejores condiciones para luchar contra la reforma laboral, la reforma educativa y energética, para poder pasar a la ofensiva en contra de la criminalización a la protesta social y particularmente a la juventud. Debemos demostrar que somos una generación que no está dispuesta a quedarse callada y que, por el contrario, está dispuesta a organizarse y a retomar las mejores lecciones de la luchas de clases, para tirar al capitalismo y participar junto con los trabajadores y los sectores de explotados y oprimidos en la transformación profunda de la sociedad donde nuestras demandas sean cumplidas y conquistemos el futuro. 

La experiencia del Partido de Trabajadores en Bolivia para pensar un partido revolucionario en México

Javier Lucero. Facultad de Derecho UNAM

En enero de este año, luego de la 1a Conferencia Político Sindical de los Trabajadores de Bolivia, los trabajadores bolivianos decidieron fundar un Partido de Trabajadores. Esta conferencia contó con la presencia de importantes sectores de la clase obrera boliviana, entre ellos la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, de la COB (Central Obrera Boliviana), Federaciones y Confederaciones de trabajadores de la salud, fabriles y del magisterio.

La clase obrera boliviana vuelve a escena

El impulso para la creación de esta herramienta política de los trabajadores bolivianos, ligada a los sindicatos es de gran importancia porque muestra la fuerza de la clase obrera y la oposición obrera al gobierno del MAS de Evo Morales. Ésta se expresa en la pelea de los trabajadores fabriles que enfrentaron la reforma al Código del Trabajo, la lucha contra el incremento del precio de los combustibles, la huelga de los trabajadores de la salud contra el aumento de su jornada laboral y varias luchas más, protagonizadas por el magisterio y mineros. Una de las más recientes e importantes de estas luchas son quizás las Jornadas de Mayo contra la Ley de jubilaciones, que incluyó una huelga general, bloqueos en las ciudades y enfrentamientos con los cuerpos represivos bolivianos.

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Por una herramienta política de la clase  trabajadora

Los trabajadores bolivianos y su intento por poner en pie un Partido de Trabajadores abren una discusión fundamental (con resonancia internacional) sobre la necesidad de que los trabajadores intervengan en política, forjando organizaciones propias, basadas en la independencia política de clase, rompiendo con los partidos de la burguesía. Este debate ha sido central en el congreso de fundación del Partido de Trabajadores en la ciudad de Huanuni el 7 y 8 de Marzo y nuevamente el 28 y 29 de junio.

Ahí han sido debatidos dos proyectos distintos de Partido, uno de ellos impulsado por parte de la burocracia sindical que busca formar un partido fundamentalmente electoralista y que busca acuerdos con sectores disidentes del MAS, un PT al estilo del de Lula, administrado por el capitalismo. El otro proyecto, el hasta ahora defendido por las bases y los trabajadores mineros principalmente, levanta demandas como la nacionalización sin indemnización de los hidrocarburos, las minas y recursos naturales, control obrero colectivo, expropiación a los terratenientes  y nacionalización de los bancos y la lucha por un gobierno obrero, campesino y de los pueblos indígenas, puntos todos que forman parte del programa y del proyecto de PT.

Hoy, este Partido de Trabajadores no es propiamente un partido revolucionario, pero para los revolucionarios implica la posibilidad de pelear porque surjan franjas de obreros revolucionarios y de tender un puente hacia la construcción de un Partido Revolucionario con influencia de masas. Una pelea en la que se deberá saber aprovechar la lucha electoral y parlamentaria como tribunas revolucionarias, pero que deberá tener como principal arma la lucha independiente de los trabajadores contra el Estado, los terratenientes y los empresarios, confiando en su movilización, su organización y sus métodos de lucha. Que pueda dar una batalla por la revolución y por derribar al Estado, por un tipo de poder distinto, un gobierno de los trabajadores, basado en sus organismos de autodeterminación.

 

En México: pongamos en pie una Juventud que luche por un Partido Revolucionario

Desde la JASyR, como revolucionarios/as, seguimos atentos el esfuerzo encaminado a la construcción de un PT con un programa de independencia de clase y que refuerce la tendencia a la recuperación de las mejores tradiciones de combatividad del proletariado boliviano.

En México, miles de jóvenes y trabajadores miran con simpatía proyectos políticos como el MORENA que posan de “progresistas” y de izquierda, pero que han demostrado con creces que su estrategia es incapaz de dar respuesta a sus reclamos, como se mostró en las luchas antifraude del 2006, 2012 y la lucha del SME. Comprendemos esta simpatía por proyectos que se plantean opositores a la derecha del régimen político, pero alertamos en todo momento sobre los riesgos que esto significa para la formación de verdaderas herramientas políticas propias de los trabajadores y la juventud que respondan verdaderamente a sus intereses y puedan llevar al triunfo sus luchas.

En el caso del proyecto político de la OPPT que propone el SME, consideramos que una herramienta política de los trabajadores es sin duda una necesidad imperante para las luchas de los trabajadores y los explotados y oprimidos en México. Sin embargo, es necesario abrir un debate de cara a cuál es el programa y la estrategia política con la que se puede formar. A diferencia de la tendencia combativa de la clase trabajadora boliviana, que se expresa en la lucha por un PT con independencia de clase y un programa clasista, la OPPT y organizaciones como el PRT, no se plantea una clara delimitación de la estrategia política de la resistencia civil y pacífica como la que plantea el MORENA y AMLO, ni un curso combativo de movilización en las calles sin confianza en las instituciones de este régimen.

Por ello, desde este boletín los jóvenes que queremos aportar nuestra energía y espíritu de lucha a construir la JASyR y que junto a los militantes de la LTS, lo hacemos como parte de la perspectiva por construir un partido revolucionario, internacionalista y socialista, creemos que hay que abrir un gran debate sobre cómo retomar las lecciones que nos están dejando estas experiencias para dar pasos concretos en la construcción de una gran organización revolucionaria de los trabajadores y la juventud.

Ante la represión del 10 DE JUNIO y la criminalización de la protesta social

IMPULSEMOS LA MOVILIZACION CONTRA LA REPRESIÓN DE MANCERA Y EL GDF 

Bloqueo Insurgentes

El 10 de junio, el Gobierno del Distrito Federal (GDF) lanzó una brutal represión sobre la movilización que históricamente recuerda el “halconazo” de 1971. Mostrando que quiere ser la continuidad represiva del viejo PRI, su brazo armado (los granaderos del DF), detuvo a 22 jóvenes, dentro de los cuales estaban 5 militantes de la Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria y de la Liga de Trabajadores por el Socialismo,  los cuales fueron trasladados a la agencia 50 del Ministerio Público. Ya es costumbre que el gobierno de la “izquierda” capitalina encarcele, con cargos que nada tienen que envidiarle al viejo priato, a activistas y luchadores sociales. Si en el 68 utilizaban el cargo de “disolución social”, ahora apelan al infame artículo 362, con cargos como “ataques a la paz pública”, a lo cual pretenden añadirle acusaciones inverosímiles como “robo”, “ultraje”, “lesiones”, etcétera. Como denunciaron los abogados de los presos, estas acusaciones buscan justificar estas detenciones arbitrarias y mantener, el mayor tiempo posible, como rehenes a los jóvenes que luchan.

El GDF, con el policía Miguel Ángel Mancera a la cabeza, le está haciendo el trabajo sucio al PRI, como ya vimos el pasado 1 de diciembre. Esa es la cláusula secreta, la letra no escrita del Pacto por México: el PRD no solo es cómplice del PRI y el PAN en las infames reformas educativa y laboral, sino que, allí donde gobierna, instrumenta directamente la represión. Ya lo vimos en Guerrero con la represión a los normalistas, y ahora lo vemos constantemente en el DF.  Para garantizar la “paz social” contra el descontento que se desarrolla en la juventud y los trabajadores, deben criminalizar la protesta social y a la juventud, con cargos cada vez más duros, y limitando al extremo el elemental derecho a la libre manifestación, el cual ningún demócrata debería olvidar que fue resultado de la lucha, justamente, de las heroicas generaciones de 1968 y 1971.

Desde hace años, el PRD, allí donde gobierna, se muestra como agente directo de los capitalistas, administrando sus negocios y garantizando la “estabilidad” que ellos reclaman. Con la entrada del PRD al pacto por México esto se ha hecho más evidente: el sol azteca, que surgió autoproclamándose el defensor de las libertades democráticas, ahora se derechiza y las aplasta y mancilla a toletazos y golpes de escudo. La juventud, los luchadores democráticos, las organizaciones sociales y políticas, deben denunciar abiertamente y llamar a luchar contra este gobierno de “izquierda”, al que no le tembló la mano para reprimir a quienes se manifestaron en homenaje a los caídos del 10/6/71. Mancera es el nuevo “halcón”, un represor de la protesta social sirviente fiel de los dictados de Peña Nieto y el Pacto por México.

En este número 1 del “Tinta Roja”, boletín de la JASyR (Juventud Anticapitalista, Socialista y Revolucionaria) queremos llamar a impulsar la más amplia campaña contra el artículo 362, por la derogación del Código Penal y de todas las leyes contra la libre manifestación. Junto a esto, creemos que la juventud combativa que se reivindica revolucionaria debe decir que hay que luchar también – como lo hicieron los jóvenes del CNH en 1968 –  por la disolución del infame cuerpo de granaderos y todos los organismos represivos del estado.

ALTO A LA REPRESIÓN CONTRA LOS ESTUDIANTES Y LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA

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Ante el escandaloso salto en la represión en CCH-Naucalpan, es urgente pronunciarnos contra la escalada represiva que las autoridades universitarias han iniciado. El régimen universitario ha solapado la colaboración de la dirección del CCH-N con el gobierno local, estatal y federal al permitir que la policía municipal de la gestión del PRIísta David Sánchez Guevara ingresara a las instalaciones del plantel para detener a estudiantes que están contra la reforma “los 12 puntos”. Previamente ya habían utilizado a sus golpeadores del cuerpo jurídico y otros esbirros para atacar violentamente a los estudiantes, además de permitir impunemente los ataques de los porros. Esto es una muestra más del despotismo con el que se manejan las autoridades universitarias en CCHs y prepas, donde actúan como señores feudales sin importarles violar los derechos de los estudiantes, académicos y trabajadores, además de la autonomía universitaria. La represión ha llegado a las expulsiones fasttrack de estudiantes activistas. Como respuesta ante estos hechos, estudiantes movilizados de los 5 CCH’s de la UNAM tomaron el día 6 de febrero la DGCCH. Sin embargo las autoridades, con los medios de comunicación a su servicio endurecen su postura, autoritarismo y cerrazón ante el descontento de la comunidad universitaria, manteniendo las expulsiones y amenazando con actas penales y mayores represalias. Esta es la respuesta que tienen ante los estudiantes que ejercen su legítimo derecho a la lucha por sus justas demandas y por defender el carácter científico y humanístico del CCH. De asentarse este golpe de manera impune, todos los universitari@s estaremos en condiciones más difíciles de defender nuestros derechos en el futuro. Por eso hoy más que nunca tenemos que salir a luchar como uno solo y movilizarnos de manera unificada contra la represión al movimiento estudiantil, luchando porque se reinstale a tod@s los compañeros expulsados por motivos políticos, porque no apliquen actas ni sanciones a tod@s los que participen del movimiento contra “los 12 puntos”, porque se suspendan las demandas penales, así como pedir la disolución del inquisidor y antidemocrático Tribunal Universitario encargado de todas las expulsiones por motivos políticos dentro de la UNAM.

 

NO A LA REFORMA “LOS 12 PUNTOS” EN LOS CCH´S

La reforma “los 12 puntos” en el Colegio de Ciencias y Humanidades es un intento por profundizar los planes que desde hace más de una década vienen aplicando las autoridades universitarias en concordancia con los planes del FMI y el BM para la educación media y superior, esto implico hasta ahora las reformas del 97 que restringen acceso permanencia y egreso en el CCH, el ataque al pase automático a nivel superior y la desaparición de los cuatro turnos. Esta reforma quiere trastocar hasta la medula el proyecto de una educación científica y humanista del proyecto original del CCH, orientado a formar estudiantes críticos con un alto nivel de comprensión sobre los problemas sociales, naturales y sus razones de fondo, para que a su vez aporten generando las necesarias soluciones de fondo, sobre todo cuando completen su formación profesional en el nivel superior. Con la reforma “los 12 puntos” intentan que se formen estudiantes de eficiencia técnica preparados para el empleo precarizado y no jóvenes integrales capaces de desempeñar un papel profesional al servicio de la sociedad, los trabajadores y el pueblo. Son el correlato académico de reformas laborales que legalizan la utilización de la tercerización del trabajo, la subrogación de servicios, las violaciones a la materia de trabajo y el ataque a los contratos colectivos de trabajo acompañados de los bajos salarios. A los profesores en la UNAM se les aplica mediante la reforma al estatuto del personal académico que ataca a los profesores con menos derechos laborales. Es decir, que estamos enfrentando un ataque integral y en forma, derrotarlo nos exige la unidad de estudiantes, trabajadores y académicos para echar atrás todos estos planes. En primer lugar, hoy debemos salir unificadamente a pronunciarnos enérgicamente contra la reforma “los 12 puntos” y mediante la organización democrática e independiente de la comunidad universitaria recuperar la esencia del proyecto original de los CCH´S y defender las conquistas de éste.

Este ataque se corresponde con el regreso del PRI al poder y la colaboración del PRD dentro del régimen universitario impulsando con todo los acuerdos del “pacto por México”, como la reforma laboral y educativa (y preparando la energética). Esto es lo que cambio respecto a la oposición al llamado ”Libro Azul”, hoy más que nunca el PRD en la UNAM se encuentra en bloque con la rectoría por intereses y cotos de poder, por ello actúan con unidad para aplicar los planes y para eso utilizan a sus directivos para reprimir y operar las reformas. Así como ayer quisieron vender la huelga del CGH, hoy el perredismo universitario es el más fiel colaborador de la aplicación de las reformas regresivas a las conquistas en la educación universitaria, basta ver el ejemplo de los profesores de filiación perredista que golpearon a los estudiantes en CCH-Naucalpan.

IMPULSEMOS ASAMBLEAS TRIPARTITAS QUE ACUERDEN UN PLAN DE LUCHA COMBATIVO
En este sentido es clave que nos juguemos a masificar y fortalecer el movimiento estudiantil en los CCHs, hay que impedir que las antidemocráticas autoridades universitarias sigan reprimiendo a los estudiantes tratando de dividirnos con la colaboración de la dirección sindical del STUNAM y el APAUNAM, cuando en realidad nos sentimos hermanados con los trabajadores y académicos dentro y fuera de la UNAM, a todos ellos los llamamos a la solidaridad y les pedimos su apoyo al movimiento. Por ello hay que participar de esta lucha y proponer como fortalecerla. Tenemos que convocar dentro de cada uno de los planteles del CCH a asambleas donde se llame a la unidad con los profesores y trabajadores que se reclamen democráticos y combativos, así como masificar las mismas con una gran base estudiantil que pueda resolver levantar un plan de lucha combativo y unificado con voceros rotativos y revocables, retomando las lecciones del CGH y el movimiento estudiantil mexicano, para poder echar atrás las reformas al plan de estudios del CCH y poder reinstalar a los 7 compañeros del CCH-N expulsados por motivos políticos.

AGRUPACIÓN CONTRACORRIENTE

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POR UNA JUVENTUD ANTICAPITALISTA, SOCIALISTA Y REVOLUCIONARIA

NO A LA REFORMA DE LOS 12 PUNTOS” EN LOS CCH´S

¡ALTO A LA REPRESIÓN CONTRA LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA!

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La reforma “los 12 puntos” en el Colegio de Ciencias y Humanidades es un intento por profundizar los planes que desde hace más de una década vienen aplicando las autoridades universitarias en concordancia con los planes del FMI y el BM para la educación media y superior, esto implico hasta ahora las reformas del 97 que restringen acceso permanencia y egreso en el CCH, el ataque al pase automático a nivel superior y la desaparición de los cuatro turnos. Esta reforma quiere trastocar hasta la médula el proyecto de una educación científica y humanista del proyecto original del CCH, orientado a formar estudiantes críticos con un alto nivel de comprensión sobre los problemas sociales, naturales y sus razones de fondo, para que a su vez aporten generando las necesarias soluciones de fondo, sobretodo cuando completen su formación profesional en el nivel superior.

Con la reforma “los 12 puntos” intentan que se formen estudiantes de eficiencia técnica, preparados para el empleo precarizado y no jóvenes integrales capaces de desempeñar un papel profesional al servicio de la sociedad, los trabajadores y el pueblo. Este ataque se corresponde con la imposición que hace el gobierno de Peña Nieto y el régimen del “Pacto por México”, de la reforma laboral y educativa (y preparando la energética). Estas reformas legalizan la utilización de la tercerización del trabajo, la subrogación de servicios, las violaciones a la materia de trabajo y el ataque a los contratos colectivos de trabajo acompañados de los bajos salarios. A los académicos en la UNAM se les aplica mediante la reforma al estatuto del personal académico que ataca a los profesores con menos derechos laborales. Es decir, que estamos enfrentando un ataque integral y en forma, derrotarlo nos exige la unidad de estudiantes, trabajadores y académicos para echar atrás todos estos planes. En primer lugar, hoy debemos salir unificadamente a pronunciarnos enérgicamente contra la reforma “los 12 puntos” y mediante la organización democrática e independiente de la comunidad universitaria recuperar la esencia del proyecto original de los CCH´S y defender las conquistas de éste.

ALTO A LA REPRESIÓN CONTRA LOS ESTUDIANTES Y LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA

Junto a lo anterior es urgente pronunciarnos contra la escalada represiva que las autoridades universitarias han iniciado en el CCH Naucalpan. Estas autoridades han dado un salto escandaloso en su colaboración con el gobierno local, estatal y federal al permitir que la policía municipal de la gestión del príista David Sánchez Guevara ingresara a las instalaciones del plantel para detener a estudiantes que están contra la reforma “Los 12 puntos”.

Previamente ya habían utilizado a sus golpeadores del cuerpo jurídico y otros esbirros para atacar violentamente a los estudiantes, además de permitir impunemente los ataques de los porros. Esto es una muestra más del despotismo con el que se manejan las autoridades universitarias en CCHs y prepas, donde actúan como señores feudales sin importarles violar los derechos de los estudiantes, académicos y trabajadores, además de la autonomía universitaria. La represión ha llegado a las expulsiones fasttrack de estudiantes activistas, que se enfrentaran ahora al inquisidor tribunal universitario, donde se castiga y luego se averigua, y ya algunos estudiantes ahora enfrentan además la represión del Estado detenidos en el ministerio público de Naucalpan y el tribunal para menores de edad. Así es como se criminaliza a estudiantes en un municipio donde los asesinos de mujeres, de jóvenes y de trabajadores siguen libres, además de los delincuentes de cuello blanco. El conjunto de la comunidad universitaria, las organizaciones de derechos humanos, sindicales, sociales, políticas y el movimiento estudiantil deben pronunciarse repudiando esta represión. Hay que movilizarnos exigiendo la reinstalación de los expulsados por motivos políticos, la disolución de los grupos porriles y del antidemocrático y autoritario Tribunal Universitario. A su vez hay que exigir la inmediata e incondicional liberación de todo estudiante por parte del gobierno municipal de Naucalpan.

IMPULSEMOS UNA ASAMBLEA TRIPÁRTITA QUE ACUERDE UN PLAN DE LUCHA COMBATIVO

A 13 años de la represión al CGH, hay que hacer un llamado a todos aquellos profesores y trabajadores (y padres de familia) que acompañaron al movimiento estudiantil en esta lucha, tanto en el plantel Naucalpan como en toda la UNAM y fuera de ella, convocándolos a apoyar la lucha contra la reforma “los 12 puntos” y contra la represión. Es necesario que los estudiantes organizados fortalezcan y masifiquen las asambleas de base en el plantel Naucalpan y el resto de los CCH´S. A estas asambleas hay que llamar a la discusión y el acuerdo de un plan de lucha unificado, a trabajadores de base y académicos que se reclamen democráticos y combativos. Esta es la mejor manera de combatir la división artificial que las autoridades quieren crear en la comunidad. En estos espacios se debe discutir como enfrentar la represión mediante la autoorganización y la movilización independiente y combativa.

AGRUPACIÓN CONTRACORRIENTE

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POR UNA JUVENTUD ANTICAPITALISTA, SOCIALISTA Y REVOLUCIONARIA

Un nuevo ascenso en la lucha de clases. La teoría marxista y la práctica política.

DOMINGO, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2012

Por Farid Reyes

Con la caída del muro de Berlín, el inmediato descredito del llamado “socialismo real” y el auge de las ideas neoliberales, la izquierda revolucionaria en el mundo se reacomoda; miles de militantes desilusionados se refugian en partidos reformistas mientras que la academia crítica sufre un duro golpe en todas sus áreas. Por su parte, la juventud en el mundo deja de lado la lucha por la posibilidad de transformar su realidad para pasar a formar parte de una generación apática políticamente, la llamada “generación X” sería resultado de un muy bien orquestado golpe ideológico que, con matices en diferentes regiones, haría que la juventud dejara de lado la lucha social para pasar a ser observadora de la política.

Mientras tanto la élite económica consolidaría su poder imponiendo en todo el mundo la idea de la competencia y del mercado, llegando a todas las regiones en el planeta, desde Asia hasta los países europeos de oriente antiguos pertenecientes al bloque soviético. La idea de un gran mercado global que facilite las transacciones y permita a los pueblos acceder a los beneficios del libre comercio no deja de repetirse en los discursos oficiales y con poca resistencia se impone en la agenda económica como una prioridad.

En las diferentes aéreas del estudio y la investigación se desplazan las tesis marxistas: en la filosofía toman fuerzas las ideas posmodernas que buscan desacreditar la idea de una sociedad dividida en clases antagónicas para pasar a las ideas de la “multiculturalidad”, la necesidad de filosofar en torno a nuestra realidad material es dejada de lado y se filosofa de forma idealista; en la economía el paradigma neoclásico se impone, con las criticas keynesianas y postkeynesianas correspondientes pero siempre buscando legitimar el modelo capitalista en sus diversas formas, la teoría objetiva del valor se desplaza del análisis; en la ciencia política los postulados apológicos de la democracia liberal junto a las tesis de la “real politik” reemplazan los análisis que versaban en la comprensión del Estado como un conjunto a aparatos al servicio de las clases dominantes. De forma similar en las diferentes ciencias sociales se da por sentado que el cuerpo teórico marxista está superado, surgen cientos de autores críticos del marxismo y autores que se reivindicaban marxistas abandonan este conjunto de planteamientos.

En México la derecha en el poder aliada con la socialdemocracia aprovecha para ganar hegemonía en las universidades públicas; los planes de estudios son duramente modificados, las organizaciones estudiantiles pierden fuerza y se implementan reformas que buscan desvincular a la comunidad universitaria con las problemáticas sociales de su entorno. En el mundo entero el movimiento obrero se mueve a la defensiva, seguido del movimiento estudiantil y el campesino.

En los años en los que el conjunto de políticas económicas y sociales agrupadas en la doctrina neoliberal ganan terreno político, en el terreno ideológico las ideas asociadas al individualismo y a la inmovilidad política también se fortalecen.

Con importantes coyunturas que significaron resistencias fuertes a nivel general como el levantamiento armado del zapatismo, las luchas altermundistas o la oposición a la guerra de Irak, el capitalismo neoliberal continuo imponiéndose por medio del consenso y la fuerza, pero sobre todo en función de la poca resistencia organizada de las clases dominadas.

El desenvolvimiento propio de la dinámica capitalista, siendo este un sistema consolidado en el planeta entero ha generado un conjunto de problemáticas sociales muy graves, pasando de la gigantesca migración de países periféricos a países centro, al deterioro en las condiciones de vida de la clase trabajadora en el mundo por medio del desmantelamiento de prestaciones sociales o los problemas asociados a los niveles de desempleo en países imperialistas resultado de la deslocalización de empresas en busca de mano de obra barata.

Por otro lado, el consumismo que viene de la mano de la sociedad capitalista ha resultado en la sobre explotación de materias primas y recursos naturales que enfrentan a la humanidad a una crisis climática que amenaza con catástrofes ecológicas sin precedentes, para darnos una idea de esta realidad, mencionar que el 70% de los ríos en el mundo ya no están llegando al mar mientras los desiertos han aumentado su extensión en un 150%. Refutando las ideas maltusianas que buscan atribuirle la crisis ambiental al crecimiento poblacional, debemos decir que, si bien el incremento desmesurado de la población trae consigo problemáticas importantes, este crecimiento está condicionado por el desarrollo del modo de producción dominante.

En México la dinámica capitalista neoliberal tiene consecuencias desastrosas: más de 80 000 muertos en el último sexenio gracias a una política de combate a una problema de salud pero sobre todo en función de las precarias condiciones de vida que se hallan en campo mexicano resultado entre otras cosas de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte las cuales orillan a miles de personas a sumarse a las filas de la delincuencia organizada.

No obstante este sombrío panorama, la reciente crisis económica y financiera ha logrado despertar en los trabajadores y en la juventud una nueva conciencia de la necesidad de ser participes de su realidad, de un par de años a la fecha no han dejado de ser noticia las enormes manifestaciones de rechazo a los planes de ajuste en Europa, las manifestaciones estudiantiles en Chile o en Canadá que buscan educación pública o las protestas de miles de personas en el centro neurálgico del capitalismo, Estados Unidos donde el movimiento Occupy ha hecho visible el descontento de un gran sector de la población con el multimillonario rescate a la banca y a los grandes consorcios.

Este clima de movilidad política ha también generado condiciones propicias para que el marxismo avance y gane terreno, pensadores marxistas contemporáneos día con día son descubiertos por cientos de estudiantes, así de Slavoj Zizek a Michel Lowy, de Claudio Katz a Bolivar Echeverria y de David Harvey a Adolfo Sanchez Vazquez, por mencionar algunos, intelectuales que reivindican la lucha de clases no dejan de tomar fuerza en los debates y las discusiones académicas.

Cada día más jóvenes se dan cuenta de la actualidad del paradigma marxista, y de la importancia de retomar este planteamiento y actualizarlo si de intervenir con la realidad política se trata, autores clásicos son desempolvados y las frases de Lenin, de Gramci, de Trotsky o de Rosa Luxemburgo no dejan de recorrer el facebook y el twitter.

Podemos decir que la falta de claridad política en movimientos sociales contemporáneos como “los indignados” en España es un factor que les impide lograr el freno a las reformas de Rajoy, pero también es cierto que las organizaciones socialistas anticapitalistas en general se han fortalecido enormemente con este auge de lucha, lo mismo en Chile y, por supuesto en México donde el movimiento #Yo Soy 132 acerca a miles de estudiantes con organizaciones socialistas y revolucionarias, o en Grecia donde la izquierda revolucionaria alcanzo en las últimas elecciones una gran cantidad de votantes y quedo únicamente a cinco puntos de ganar las elecciones, para darnos una idea de que propone esta izquierda mencionamos algunos puntos de su programa:

1.- Subir el impuesto de la renta al 75% para todos los ingresos por encima del medio millón de euros anuales.

2.- Prohibir los derivados financieros especulativos.

3.- Poner en marcha comedores en los colegios públicos para ofrecer desayuno y almuerzo gratuito a los niños.

4.- Ayudas de hasta el 30% de sus ingresos para las familias que no pueden afrontar sus hipotecas.

5.- Nacionalización de los bancos.

6.- Nacionalizar las antiguas empresas públicas de sectores estratégicos para el crecimiento del país (ferrocarriles, aeropuertos, correos, agua…).

7.- Facilitar a los inmigrantes la reagrupación familiar. Permitir que los inmigrantes, incluso los indocumentados, tengan acceso pleno a la sanidad y la educación.

8.- Recuperar los convenios colectivos.

9.- Someter a referéndum vinculante los tratados europeos y otros acuerdos de importancia.

10.- Nacionalizar los hospitales privatizados. Eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.

11.- Retirada de las tropas griegas de Afganistán y los balcanes: ningún soldado fuera de las fronteras de Grecia.

12.- Romper los acuerdos de cooperación militar con Israel. Apoyar la creación de un estado Palestino dentro de las fronteras de 1967.

13.- Cerrar todas las bases extranjeras en Grecia y salir de la OTAN.

Este programa empata con algunos planteamientos que veíamos en el video del inicio (la conferencia de prensa del PTS en Argentina después de la elecciones primarias) y es la recuperación de un programa revolucionario que ahora llega a las masas por muchos medios y que dada la fuerte crisis económica gana adeptos por miles.

Como podemos observar es real el avance del planteamiento marxista y se traduce en un la lucha política concreta; en el mundo entero se está hablando de un regreso de la lucha de clases, se relee a Marx y se reinterpretan a los marxistas. El marxismo como cuerpo teórico crítico de la modernidad capitalista siempre ha sido atacado por la reacción, pero en un clima de asenso en la lucha social es difícil refutarlo.

Si, como hemos planteado en este ensayo, las tesis marxistas siguen tomando fuerza, quedará demostrada no solo su capacidad explicativa sino la superioridad teórica de esta teoría con respecto a los postulados de las teorías sociales burguesas que niegan la lucha de clases.

Desde nuestra perspectiva como organización estudiantil consideramos fundamental comprender al marxismo como una teoría viva y en constante movimiento, no como una teoría estática, romper con los dogmatismos característicos muchas veces de la interpretación de Marx no es una tarea fácil pero creemos que la interdisciplinariedad puede contribuir bastante, incorporar elementos de otras áreas y debatir constantemente es una buena forma de lograra una teoría que rompa con esquemas sectarios. Así cuando Slavoj Zizek combina a Lacan con Marx o cuando David Harvey analiza el impacto geográfico del aporte marxista vemos con buenos ojos el avance del planteamiento.

Por otro lado la crítica de los intentos de llevar el marxismo a la práctica y en particular a los estados obreros degenerados antiguos pertenecientes a la URSS deberá ser una tarea permanente de análisis y reflexión entre quienes buscamos transformar de fondo nuestra realidad.

Las tareas para los revolucionarios en el siglo XXI no son pocas, mientras el capitalismo amenaza con llevar a la humanidad a una crisis civilizatoria, los jóvenes tenemos la obligación de enfrentar nuestra realidad y nuestro sombrío futuro, levantemos pues la cabeza y construyamos juntos organización sin olvidar jamás que como diría Salvador Allende: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Ponencia presentada en el foro “La crisis del capital y el regreso de Marx” realizada el jueves 20 de septiembre en el auditorio de posgrado de la FES Acatlán.

Apuntes sobre la huelga de fin de siglo a 13 años de la lucha encabezada por el CGH-UNAM

Pablo Oprinari

Introducción

El surgimiento del movimiento #YoSoy132, y su extensión a la UNAM con la organización de asambleas y la realización de la Asamblea Universitaria del 30/5, para muchos trajo el recuerdo de la huelga estudiantil de 1999-2000. No faltaron quienes explicaron que este movimiento nada tenía que ver con la huelga de fin de siglo (como la llamaron entonces muchos medios de comunicación) y hasta hubo llamados tendenciosos a deslindarse y repudiar la experiencia del ‘99 y sus “métodos asamblearios”. Si bien –como no podía ser de otra forma– los movimientos son distintos, es evidente que la presencia que mantiene la huelga del ´99 responde a que aquel movimiento frenó la imposición de cuotas en la UNAM, cimbró las estructuras políticas universitarias y al régimen priista en crisis terminal que prometía autorreformarse.

Si no hay movimiento político y social que empiece “desde cero” ni que invente todo, es entonces de enorme importancia reflexionar y aprender de las experiencias previas. En la asamblea del 30/5 correctamente se planteó que “somos herederos de los fraudes, crisis económicas; somos herederos del levantamiento armado zapatista, de la matanza de Acteal, de los crímenes en el estado de México”. Esto es, parte de una tradición de lucha y de resistencia contra los planes y las políticas de los partidos patronales y sus políticos. Y, por eso, el movimiento es también heredero de las luchas estudiantiles de las décadas previas; del movimiento de 1968, de la lucha estudiantil de 1987 y 1995, y de aquella huelga que enfrentó a dos rectorías (la de Francisco Barnés de Castro y de Juan Ramón de la Fuente), y que sólo pudo ser derrotada mediante una represión que incluyó más de 1,000 presos políticos y centenares de expulsados.

Los integrantes de la LTS y de Contracorriente (agrupación estudiantil surgida en 1997) fuimos parte activa del movimiento desde su inicio, impulsamos las asambleas y los Comités de Representantes por escuela e integramos los Comités de Huelga junto a otras agrupaciones estudiantiles y cientos de estudiantes independientes, fuimos delegados de nuestras escuelas y estuvimos dentro de los representantes del CGH para asistir al diálogo con la Rectoría, permanecimos como parte del mismo hasta la ocupación policíaco-militar de la UNAM, y compartimos la cárcel junto a cientos de huelguistas, independientes e integrantes de otras corrientes participantes de la huelga, como orgullosos participes de toda una generación estudiantil. Hoy, nuevos jóvenes que continúan con la experiencia de lucha de Contracorriente son parte del movimiento #YoSoy132.

Ayer como hoy, lo que estuvo planteado fue sostener una perspectiva política para poner en pie una generación de jóvenes y estudiantes que defienda la educación publica, luche junto a los trabajadores y enfrente la antidemocracia, la opresión y la opresión del sistema capitalista, al mismo tiempo que luchamos unitariamente por las demandas estudiantiles.

El presente texto lo presentamos como un aporte para comprender un capítulo fundamental en la historia del movimiento estudiantil, y para coadyuvar al surgimiento de esa nueva generación.

1. El preámbulo de la huelga de fin de siglo

El movimiento que desembocó en la huelga estudiantil más extensa en la historia de México, inició a mediados de febrero de 1999. El 15 de ese mes fueron anunciadas en la Gaceta de la UNAM las modificaciones al Reglamento General de Pagos, con un incremento de cuotas que, en el caso de las licenciaturas, pasaba de $0.20 anuales a $2,040. Eso significaba un salto en el proceso de elitización de la universidad y el fin del importante principio de gratuidad. Este anuncio acaparó la atención y expectativa de la comunidad universitaria: en todas las escuelas se hablaba de ello, espontáneamente se comenzaron a formar reuniones en salones y jardines que se comprometían a ampliar y masificar el movimiento. De estas asambleas comenzaban a salir representantes y resolutivos para ir a informar a más compañeros, involucrar a toda la comunidad, discutir qué hacer, etcétera.

Mientras las autoridades llamaban a respetar los Consejos Técnicos por escuela, como “única” representación de la comunidad universitaria, las asambleas estudiantiles cuestionaban la antidemocracia de los mismos y sus discusiones a puertas cerradas. El alza de cuotas sería aprobado en esas instancias.

Ante esta medida que era la avanzada de la ofensiva privatizadora, el 24/2 en el auditorio Che Guevara, se constituyó la Asamblea Estudiantil Universitaria (AEU), con la asistencia de 3,000 estudiantes provenientes de 30 escuelas y facultades. En esa reunión se unificaron argumentos de rechazo a la propuesta de Rectoría y se llamó a la masificación de las asambleas.

Desde un inicio, la política del rector Barnés fue avasallar cualquier oposición proveniente de la comunidad universitaria y desconocer a las asambleas de representantes que llamaban al diálogo. Llegado el día que se discutiría la propuesta de cuotas en los Consejos Técnicos por escuela, uno a uno fueron renunciando los consejeros estudiantes y algunos profesores, que se negaron a ser parte de la farsa de aprobación del Reglamento General de Pagos (RGP). Muchos abandonaron las sesiones para integrarse a los multitudinarios mitines que había fuera de las escuelas.

A mediados de febrero inició una creciente y sostenida movilización estudiantil. El 25/2 se realizó la primera Marcha de las Antorchas, con 20,000 asistentes, del Monumento de Álvaro Obregón a Rectoría.

Haciendo oídos sordos del descontento creciente, el 23/2 se aprobó el RGP en la  Comisión de Presupuestos del Consejo Universitario, que era la siguiente instancia según la Legislación Universitaria.

El 2 de marzo Barnés no asistió al dialogo convocado por la Asamblea Universitaria y se redoblaron los brigadeos en las escuelas y en las calles para informar a la población de lo que sucedía en la UNAM. A estas alturas el funcionamiento de las asambleas de representantes era muy dinámico, la politización de la juventud universitaria había crecido y su desconfianza en las autoridades universitarias también. Cientos de brigadas estudiantiles comenzaron a recorrer mercados, transportes, escuelas, sindicatos, al mismo tiempo que se convocó a una mega movilización en Ciudad Universitaria para el día en que el Consejo Universitario debía aprobar el RGP.

El 4/3, más de 30,000 estudiantes se movilizaron de Parque Hundido a CU, exigiendo el retiro de la propuesta de rectoría o en su defecto se irían a huelga. El 11/3 se realizó en 23 planteles un paro activo.

El 15/3 fue el día de imposición del RGP, los estudiantes se enteraron que las autoridades querían sesionar alejados de la comunidad, violentando el que la misma legislación obliga al Consejo a reunirse dentro de las instalaciones universitarias. Así comenzó una literal persecución de los integrantes del Consejo Universitario, que huían por los sótanos de Rectoría mientras miles de estudiantes en las islas repudiaban su accionar. Finalmente se “aprobó” el RGP en el Instituto Nacional de Cardiología, donde se realizó la sesión. Allí arribaron varios camiones con estudiantes que intentaron evitar la aprobación, pero en 15 minutos terminó la reunión. Alrededor de 20,000 estudiantes marcharon desde el Instituto de Cardiología a Ciudad Universitaria, donde realizaron un mitin de rechazo al alza de cuotas, denunciando la ilegalidad de haber aprobado el RGP fuera de las instalaciones universitarias y llamando a discutir las medidas a tomar.

La cerrazón de las autoridades, que no escucharon el clamor estudiantil, empujó al estallido de la huelga. El 24 de marzo una nueva acción paralizó 28 planteles: el movimiento estudiantil estaba determinado a echar atrás el alza de cuotas. Esta contundencia le valió la enorme simpatía de la población que comenzaba a asistir a sus marchas y apoyaba económicamente en los brigadeos.

El 15 de abril se realizó la primera Consulta General Universitaria, organizada por el movimiento estudiantil, donde la mayoría se manifestó contra la abrogación del RGP. Esto mientras aparecía lo que fue una constante durante los 9 meses y medio de huelga: acciones “legales” contra los activistas ante el Tribunal Universitario, detenciones de estudiantes que realizaban brigadeos, ataques porriles, amenazas y secuestros. La huelga era inminente: en el Consejo General de Representantes (antes Asamblea Estudiantil Universitaria) se resolvió estallarla el 20 de abril a las 00:00 horas. En las movilizaciones y asambleas se expresaba la firme decisión de enfrentar la ofensiva del rector Barnés, avalada por el gobierno priista de Ernesto Zedillo, por las cámaras empresariales y las principales instituciones del odiado priato.

Dentro del movimiento, en las semanas previas al 20/4 iniciaron las primeras confrontaciones políticas. Los agrupamientos vinculados con el PRD –el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y la Red de Estudiantes Universitarios (REU)– intentaron frenar el estallido de la huelga. Su política era “convencer” a Barnés y al Consejo Universitario, sea mediante el dialogo o la participación en el Consejo, así como echar atrás las reformas con la interposición de recursos legales sobre la inconstitucionalidad del RGP. Sin embargo, todo esto era impotente ya que el conjunto de las instituciones (universitarias y extrauniversitarias) avalaban la política de Rectoría y Barnés estaba decidido a no dar un paso atrás en sus intenciones. De imponerse, la actuación del CEU y la REU sólo disiparían la energía del movimiento estudiantil, que en cada manifestación y en cada asamblea mostraba una gran disposición a la lucha. Se pretendía así que mediante el diálogo se lograrían las demandas estudiantiles, pero la única forma de imponerlas era mediante una gran demostración de fuerza: una huelga, basada en un movimiento estudiantil masivo y organizado desde las bases. Los estudiantes desconocían el Consejo Universitario y exigían la renuncia de Barnés, que ya no volverían a convocarlo al diálogo; y se preparaban para la huelga.

El 18 y 19 de abril todos los planteles de la UNAM votaban y discutían las últimas medidas para estallar la huelga. Fueron dos noches de mucha tensión pues los directivos impedirían a toda costa el cierre de puertas. Los estudiantes realizaron reuniones de seguridad a puerta cerrada para definir las medidas a tomar en caso de la llegada de porros, policías y autoridades (fueron las únicas reuniones a puerta cerrada que avaló el CGH en toda su lucha). Las escuelas periféricas colocaron barricadas en todas las entradas, cadenas y candados y las facultades de Ciudad Universitaria se unificaron para bloquear los accesos a la universidad e intentar cerrar filas en facultades como Derecho, semillero de priistas y panistas, que llegaban al día siguiente con las autoridades a reventar la huelga a punta de golpes. La madrugada del 19 y 20, miles de jóvenes formaban cordones humanos en todas las escuelas de la UNAM para resistir los aventones de grupos que formaron las autoridades para intentar ingresar a los planteles. De los rostros que aparecían al frente en estas acciones, grabadas por las autoridades, salieron muchos de los cientos de expulsados al término de la huelga. Las confrontaciones duraron toda la mañana en algunos planteles y en todos los casos las autoridades terminaron retirándose.

Las cartas estaban echadas: el 19 de abril las escuelas periféricas estallaron la huelga y el 20 de abril a las 00:00 horas, después de una sesión del naciente Consejo General de Huelga en el Auditorio Che Guevara, las banderas rojinegras fueron izadas en Ciudad Universitaria y en la mayoría de los planteles de la UNAM por una nueva generación estudiantil que salía con entusiasmo a pelear por sus demandas.

Si Barnés pensaba que el movimiento se doblegaría ante su intransigencia y las trampas y maniobras de rectoría, estaba equivocado. El autoritario priista terminaría cayendo antes de que el CGH cejara en sus demandas.

2. Los motores profundos de la lucha estudiantil

La irrupción estudiantil –12 años después de la huelga de 1987– tuvo motores profundos y estructurales, que se articularon con el encono despertado por la imposición de rectoría.

El movimiento estudiantil no era (ni es) ajeno a los procesos sociales. Siendo el estudiantado una capa social heterogénea reclutada en distintas clases de la sociedad, en determinados momentos históricos la universidad se transforma en una caja de resonancia de las contradicciones sociales. En 1999, procesos subterráneos recorrían a la sociedad mexicana. Descontento con la opresión característica de un régimen político profundamente proimperialista y al servicio de las grandes transnacionales, cuya expresión más honda y trascendente fue el alzamiento zapatista de Chiapas. Ansias de libertad y democracia frente a un decrépito priato, como se hizo notar en las masivas movilizaciones urbanas de 1988 y en 1994. Todo esto fue contenido por el acuerdo conocido como la “transición pactada” entre los partidos del Congreso, mediante el cual se buscaba encauzar el descontento tras la ilusión en una hipotética autorreforma de las instituciones. En ese contexto social se dio la huelga, y la reacción de los estudiantes, provenientes en su gran mayoría de las capas medias y sectores populares, expresó e hizo propios el hartazgo con décadas de opresión por parte de un decrépito priato, y la insatisfacción ante una reforma democrática retaceada desde fines de los años ‘80.

La lucha estudiantil inició como una reacción generalizada al alza de cuotas. Afirmar que la huelga estalló por la intransigencia de las autoridades, es correcto, a condición de que no se reduzca a eso la dinámica del movimiento, quitándole su carácter político y obviando las tendencias que allí se desplegaron.

Si no, cómo explicar la lucha en defensa de la educación pública y para todo el pueblo, que llevó adelante el CGH, y que lo llevó a proponerse mantener la huelga hasta la resolución integra y efectiva del pliego petitorio de seis puntos, después de que el Consejo Universitario, a instancias de Francisco Barnés, promulgase un nuevo RGP que volvía “voluntarias” las cuotas. O las importantes definiciones políticas –en las cuales nos detendremos más adelante– respecto al gobierno de Zedillo y el conjunto de los partidos patronales y del Congreso.

La huelga mostró que los estudiantes universitarios se adelantaban a la mayoría del movimiento obrero –contenido por sus direcciones charras– y tomaba la estafeta de la rebelión indígena y campesina de 1994. Lejos de acotarse a una lucha sólo reivindicativa y sectorial, la huelga se convirtió en uno de los movimientos políticos nacionales más importantes de la historia contemporánea de México; mostrando, a su manera, lo correcto de una antigua definición que afirma que “cuando la burguesía renuncia consciente y obstinadamente a resolver los problemas que se derivan de la crisis de la sociedad burguesa, cuando el proletariado no está aún presto para asumir esta tarea, son los estudiantes los que ocupan el proscenio.” (1)

Llegados a este punto, hay que decir que también la experiencia de 1968 mostró estas características. En los años sesenta, en distintos países del orbe (Argentina, Chile, México, Francia, Portugal, por ejemplo) surgieron movimientos estudiantiles que fueron parte de importantes procesos de lucha de clases. Y que expresaban la radicalización política de las capas medias, tendiendo a confluir con sectores de los trabajadores y el pueblo pobre. En México, el movimiento sesentaochero dejó una honda huella en la historia de los explotados y oprimidos de la nación. Su pliego de demandas cuestionaba un régimen basado en la antidemocracia y la represión, y le daba voz al sentir de millones de trabajadores y campesinos. La exigencia de la libertad a los presos políticos (que volvió a escucharse en las islas de CU el pasado 30/5) tendió un puente entre la juventud del ‘68 y la lucha obrera más importante de los años previos, los ferrocarrileros y sus presos por luchar. La influencia que las ideas socialistas ganaba en las asambleas y el CNH, mostraba la tendencia a orientarse hacia una perspectiva conscientemente revolucionaria. La simpatía recogida por el Consejo Nacional de Huelga (CNH) entre el pueblo trabajador, y los movimientos de insubordinación que se iniciaron entre la clase obrera contra los charros, mostraba que el movimiento estudiantil acicateaba el profundo descontento popular. Y que, por eso mismo, era posible la citada confluencia obrera estudiantil contra el priato; como mostró por ejemplo el descontento anticharro en el Zócalo el día 28/8. Y la gran participación de sectores populares en el mitin de Plaza de Tlatelolco del 2 de octubre. Ello justificó, desde el punto de vista burgués, la represión criminal de ese día.

En el inicio de la huelga de 1999-2000 no sólo está la reacción al RGP sino también la oposición a un régimen antidemocrático basado en la perpetuación de la explotación, la miseria y la pobreza para la inmensa mayoría de los mexicanos y mexicanas. Esto se expresó en las movilizaciones y acciones estudiantiles en solidaridad con los trabajadores, particularmente en torno al Sindicato Mexicano de Electricistas, el Sindicato de Trabajadores de la UNAM y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

3. La democracia directa: el gran “secreto” de la fortaleza de la lucha estudiantil

Desde el inicio del movimiento, los estudiantes se organizaron de forma democrática para la toma de decisiones. En decenas de escuelas y facultades surgieron asambleas de base. La organización de la AEU dejó finalmente lugar al Consejo General de Representantes (CGR), y de Huelga después (CGH). El CGH se basaba en el principio de delegados con mandato, rotativos y revocables, votados por las asambleas de base o Comités de Huelga (CH), siendo cada escuela soberana en cuanto a la asignación de sus cinco representantes. Los mismos debían llevar al CGH el mandato de sus escuelas, aunque el mismo estaba abierto a la palabra de cualquier huelguista y organización solidaria, que tenía la voz generalmente al inicio de la sesión.

Esta forma de organización fue el resultado de la tradición acumulada en el estudiantado mexicano, particularmente del Consejo Nacional de Huelga de 1968. Aunque en esa ocasión el movimiento alcanzó un carácter nacional, también hay que considerar que los representantes no tenían un carácter rotativo, distinto en ello al CGH de 1999-2000. La experiencia mexicana (la del ‘68 como la del ‘99) es diferente y superior a la de otros estudiantados del continente con formas organizativas burocráticas –como son la mayoría de las federaciones y centros de estudiantes–, donde tras la supuesta democracia del voto cada año, se impide la real participación política de la mayoría estudiantil. La fortaleza, extensión y capacidad de lucha de la huelga del ´99 estuvo basada en la existencia de un organismo de democracia directa, el CGH, que mediante los principios de mandato, revocabilidad y rotatividad facilitó que se expresase directamente la posición y el estado de ánimo de la base estudiantil.

Esto permitió controlar la acción de las distintas corrientes políticas y en particular las afines al PRD, que desde antes del estallido de la huelga buscaron manipular las decisiones.

En los inicios del movimiento de 1999, el peso de estos grupos era notable. En la causa de esto destacan dos cuestiones. Por una parte, la influencia política e ideológica ejercida por el PRD sobre el estudiantado, a partir del auge del cardenismo, vislumbrado por miles de estudiantes como un fenómeno opositor al priato. Aunado a esto, la influencia de grupos como el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y la Red de Estudiantes Universitarios (REU), con tradición, cargos en los Consejos Técnicos y el Consejo Universitario, y con una aceitada presencia en la mayoría de las escuelas.

En las luchas previas, las direcciones del CEU en la UNAM, enviados como representantes de asamblea, negociaban los pliegos petitorios a puerta cerrada con las autoridades y volvían con los resolutivos de levantamiento a sus planteles; que en algunos casos tomaban ahí sin consultar con la base. Eso fue creando un descontento que estalló contra el PRD en la huelga del ‘99.

La estructura que se dio el movimiento estudiantil permitió que –aun en esos primeros momentos de hegemonía del ceuismo– el estallido de la huelga se diera en contra de la voluntad del mismo, como resultado del descontento creciente en la base estudiantil ante las provocaciones de la rectoría. Las corrientes vinculadas al PRD intentaron evitar, hasta el último instante, el inicio de la huelga, apelando a confiar en cambiar la correlación de fuerzas en el seno de las instituciones universitarias (como las sesiones del Consejo Universitario) y presionando para continuar emplazando al diálogo al rector Barnés, quien se negaba siquiera a conversar con los estudiantes.

Durante los meses siguientes, la masificación del movimiento cegeachero y su organización democrática evitó que estas corrientes montasen una estructura burocrática desde donde imponer su política. Cualquier estudiante (independiente o miembro de cualquier corriente), tenía que convencer a la asamblea de sus propuestas. El control de la base estudiantil desde las asambleas fue fundamental para impedir el triunfo de las maniobras de los jóvenes perredistas, en particular sus propuestas de negociar el fin de la huelga a cambio de promesas que en los hechos eran migajas que no resolvían el pliego petitorio. Cada propuesta de diálogo con las autoridades, cada paso a dar por parte del movimiento se sometía a la discusión y decisión de las asambleas; los delegados llevaban a sus comités y asambleas las distintas posturas vertidas en el CGH, y sobre esa base los que sostenían la huelga día con día resolvían los pasos a dar. Los delegados al CGH, independientemente de que tenían derecho de verter sus posiciones particulares, debían votar la postura de su escuela. En el CGH se resolvía de acuerdo a las posturas que reunían el apoyo de una mayoría de escuelas. La mesa de las plenarias se resolvía mediante sorteo y estaba sujeta a la remoción en la misma sesión. Aunque esto no siempre funcionaba así, y estaba sujeto a discusión y corrección constante, era una organización fundamentalmente democrática. Se trataba de un ejercicio de democracia directa que a algunos se les antojaba “lento”, pero la realidad es que ese calificativo expresaba la molestia por los “candados” que impedía que un pequeño grupo tomase decisiones “ejecutivas” a su antojo, y por encima del sentir de la base estudiantil. Basado en este principio, todo intento por negociar “saltándose” la decisión del CGH fue desautorizado. Otro aspecto que resaltan los críticos del CGH es la rotatividad y revocabilidad; dicen que eso impidió el surgimiento de una dirección con “experiencia” o incluso “interlocutores” para la negociación. Parecería expresar una molestia con la carencia de una “dirección” que actuase por encima de la base estudiantil; sin duda surgieron activistas reconocidos en cada escuela y facultad, y los mismos sostenían sus posturas políticas, individuales o de su organización; y en algunos casos su nivel de “exposición mediática” los volvía “interlocutores” de los medios de comunicación y aparecían como los “líderes”. Pero ninguno de ellos estaba ubicado por encima de su asamblea, sino que debía sujetarse a la misma y, si sostenían posturas a nombre del movimiento sin basarse en los resolutivos, eran criticados por cualquier estudiante en su CH o en el CGH. La rotatividad y revocabilidad coadyuvó también a la politización del movimiento estudiantil: fueron miles los delegados representantes de sus asambleas, durante casi un año de lucha. Prácticamente cualquier huelguista podía sostener los argumentos de su lucha ante la prensa, las autoridades y la población. Esto le dio al movimiento una fortaleza impresionante, surgía una generación politizada que no caía en las trampas del gobierno.

Recientemente, en el movimiento #YoSoy132 se escucharon voces de críticos del “asambleísmo” cegeachero; no casualmente algunas de esas voces provienen de individuos y organizaciones vinculadas a lo que en la huelga se conoció como el ala “moderada”, y la crítica del asambleísmo parece, en esos casos, una defensa encubierta de los métodos burocráticos de funcionamiento.

Estos mecanismos se expresaban también en la negociación con las autoridades. La demanda de diálogo público, abierto y resolutivo, enarbolada por el CGH y el CNH en su momento, fue de las más resistidas por la rectoría, que buscaba “interlocutores” que pudieran ser corrompidos o “convencidos” de levantar la lucha, sin el control de la base estudiantil. El CGH buscaba con un diálogo “de cara a la nación” propagandizar sus demandas y a la vez evitar que se traicionara los puntos del pliego petitorio. La designación de las comisiones de diálogo era mediante sorteo; cuestión resistida por distintas corrientes que, bajo el argumento de “que vayan los más preparados”, ponía en peligro los principios democráticos del Consejo.

Si el funcionamiento del CGH facilitaba que se reflejase directamente el posicionamiento de la base estudiantil, esto se expresó en que, conforme transcurrían las semanas, al calor de la cerrazón de las autoridades y de los ataques de los gobierno federal del PRI y capitalino del PRD, el movimiento tendió a radicalizarse. El activismo que sostenía la huelga y se vinculaba por fuertes lazos al conjunto de la comunidad universitaria y sectores de la población, se enfrentaba cada vez más fuertemente con las corrientes que se esforzaban por levantar la huelga y que recibieron el nombre de “moderadas”. La radicalización del CGH no fue entonces el resultado de una operación maquiavélica de las corrientes políticas “ultras”, sino la evolución de un movimiento, nutrido por miles de activistas estudiantiles, que luchaba por la educación para todo el pueblo de México, enfrentaba de manera intransigente las maniobras de la rectoría y de las corrientes “moderadas”, y radicalizaba sus acciones de lucha.

En el CGH actuábamos colectivos y agrupaciones de izquierda (2), pero la influencia que eventualmente alcanzaban las distintas propuestas, era el resultado de ser parte de un proceso real de la base estudiantil, algo opuesto a la “leyenda negra” de una “ultra” que llegaba de afuera e imponía –quien sabe cómo– sus posiciones. De igual forma, las corrientes moderadas (u otras como los llamados “ultramoderados”, grupos que se consideraban socialistas y que llamaron a “flexibilizar” la lucha), fueron no sólo rebasadas por la dinámica del movimiento, sino que los miles de estudiantes que sostenían la ocupación de planteles dieron la espalda a sus propuestas.

El basamento de las asambleas permitió también que –aun en los momentos en que el movimiento tendía a reducirse o aislarse– se discutiera cómo reimpulsarlo. Las comisiones y brigadas emanadas de los comités de huelga jugaron un rol importantísimo en llevar las demandas del movimiento a los sectores populares, y el método asambleario fue fundamental para sostener la huelga, apelando al sentimiento democrático del estudiantado, cuando la rectoría intentó distintas maniobras para retomar las instalaciones, como en enero del 2000.

Quienes atacan al CGH y a la huelga que éste organizó, deberían reconocer que la lucha de 1999-2000 y la organización democrática desde las bases, logró más de lo que lograron durante muchos años (antes y después del ‘99) los consejeros técnicos estudiantiles vinculados al PRD y sus “redes universitarias”: mantener la gratuidad de la educación, a pesar de que la misma ha sido torpedeada por cobros encubiertos y mecanismos de elitización promovidos por De la Fuente primero y Narro después. Resaltar los aspectos ejemplares del CGH, no quiere decir que en el transcurso de la lucha no hubo fuertes discusiones al interior del mismo sobre su funcionamiento. En particular, desde Contracorriente, criticamos muchas veces que, a través de las llamadas “comisiones” (como la Comisión de Prensa) supuestamente dedicadas a cuestiones “logísticas” u “operativas” se expresaban –sin que hubieran sido sometidos a discusión y votación–, los posicionamientos de determinadas corrientes políticas. Esto es también una lección para el #YoSoy132, donde las comisiones de “logística” no pueden convertirse en una instancia que se eleve por encima del movimiento, lo que permitiría el naciente desarrollo de un sector por fuera del control de las asambleas.

Al mismo tiempo que rescatamos el carácter asambleario del movimiento del ‘99, sostenemos que su capacidad de acción residió en que alcanzó un grado de centralización y de resolución en la toma de decisiones. El CGH era la dirección reconocida; independientemente de que sus delegados cambiaban constantemente, la toma de decisiones iba desde las escuelas hasta el Consejo, y se resolvía mediante votaciones de mayoría. Aunque en determinado momento se consideró como consenso una mayoría de 28 escuelas, el mecanismo era el de votación después de un tiempo amplio de discusión y debate. En un material publicado por Contracorriente en el año 2000, en ocasión del Encuentro Internacional de Estudiantes realizado en El Mexe, Hidalgo, decíamos “Por otro lado, la organización del CGH muestra la superioridad de la organización en base a los delegados revocables y con mandato frente a las corrientes de tipo “autonomista” que operan en el movimiento estudiantil de varios países y que sostienen el asambleísmo permanente y se oponen a toda centralización y “delegación”, con ideas que recuerdan la precapitalista “democracia rousseauniana”. Por el contrario, la democracia directa que utilizó el CGH recupera las mejores tradiciones de autoorganización que supo gestar el movimiento obrero y de masas durante el siglo XX, como fueron los soviets rusos en 1905 y 1917, los consejos obreros italianos en 1920, los consejos de la revolución húngara de 1956 o los cordones industriales chilenos en 1973, por tomar algunos de los ejemplos más relevantes. Estos casos muestran la forma en que los trabajadores resolvieron históricamente el desafío crucial, en situaciones de ascenso generalizado de la clase obrera y de otros sectores explotados, de armonizar reivindicaciones y distintas formas de lucha, aunque sólo fuese en los límites de una ciudad, ya que los soviets o consejos son organismos que unen a representantes de los distintos sectores en lucha.”(3)

4. La defensa de la educación pública y el cuestionamiento a los planes contra la educación

El aumento de cuotas en la UNAM fue la expresión en nuestro país de la ofensiva sobre la educación pública y sobre la llamada “universidad de masas” imperante durante la segunda posguerra en nuestra región. El proyecto impulsado por el Banco Mundial en sus recomendaciones en el terreno educativo pretendía reconvertir la universidad en función de los intereses de las grandes empresas. Durante toda la década de 1990 esto se mostró en una serie de medidas restrictivas y elitistas, tendientes a acabar con las conquistas de la educación pública que aún persisten en los países latinoamericanos. En ese marco se inscribieron, por ejemplo, el proyecto Barnés de aumento de cuotas, los cobros encubiertos, así como la creciente restricción a la matrícula (donde el examen de ingreso continua actuando como un filtro que deja fuera a la mayoría de los aspirantes) y las reformas de 1997 por las que se eliminó el pase automático entre el bachillerato de la UNAM y las licenciaturas. Disfrazado bajo un discurso “populista” de derecha contra los privilegios de los estudiantes universitarios, se proyectaba reducir aún más el acceso a la universidad de los sectores medios, populares y de la minoría de hijos de trabajadores que podían acceder a la misma.

Junto a esto, los planes contra la educación pública del Banco Mundial en América Latina, implicaron una mayor subordinación del conocimiento y la investigación científica a los grandes monopolios. En este terreno se inscribieron las reformas a los planes de estudio, la supervisión de la evaluación por parte de organismos privados, el financiamiento privado de las investigaciones; ejemplo de ello fueron el CENEVAL o la participación de los institutos de investigación en proyectos “auspiciados” por empresas privadas, todo lo cual el CGH denunció durante la huelga.

En ese marco se dio el estallido de la huelga y el pliego petitorio del CGH. El mismo contemplaba 1) Abrogación del Reglamento General de Pagos y eliminación de todo tipo de cobros 2) Derogación de las reformas de 1997, lo cual implicaba eliminar el límite de permanencia y restablecer el pase automático 3) Congreso democrático y resolutivo acatado por la rectoría 4) Desmantelamiento del aparato represivo y de espionaje de las autoridades, y eliminación de actas y sanciones 5) Recuperación del semestre y cancelación de las clases extramuros y 6) Rompimiento con el CENEVAL y eliminación del examen de ingreso, punto que fue agregado 2 semanas después del inicio de la huelga. El pliego petitorio (PP) expresaba una lucha por los principios de gratuidad, contra el limitacionismo restrictivo del ingreso, la elitización de la educación superior y contra las instituciones universitarias. Atacaba lo esencial de los planes contra la educación pública y perseguía la lucha por una democratización de la universidad que implicaba, como primer paso, cuestionar el control de la rectoría sobre todas las decisiones de la comunidad. Este pliego era parte de un sentir más amplio expresado en una serie de demandas que emergieron al inicio de la huelga en un gran número de asambleas, nutriendo una plataforma de lucha de más de 30 puntos. Con el correr de las semanas el PP se transformó en la bandera de lucha de los estudiantes huelguistas, quienes no dudaban de sostener la huelga hasta su resolución íntegra y efectiva. El intento de la rectoría fue desactivar la huelga con la promesa de que las cuotas serían “voluntarias”, pero los estudiantes consideraron, correctamente, que el principio de gratuidad no estaba garantizado con esa promesa, y que dicho principio iba íntimamente vinculado a la lucha contra las medidas elitizadoras como las reformas del ‘97 o el CENEVAL. Desde Contracorriente participamos y defendimos el pliego petitorio en tanto expresaba esta lucha progresiva, al mismo tiempo que decíamos que esas demandas eran el punto de inicio de un programa que iba más allá, que debía luchar por una universidad al servicio de los trabajadores, los campesinos, el pueblo y sus luchas.

5. “Ultras” y “moderados”, estrategias en el movimiento estudiantil

A partir del 20/4, el CGH se convirtió en un actor fundamental de la escena política nacional. Durante los meses siguientes se realizaron numerosas movilizaciones multitudinarias; por mencionar algunas de las primeras: el 24/4, el 1º de mayo, o el 12/5, donde participaron 100,000 personas. Centenares de brigadas y miles de brigadistas, recorrían las calles, los mercados, las colonias y el transporte público, difundiendo sus demandas y recogiendo la simpatía popular ante un CGH que se proponía luchar por la educación para todo el pueblo. Los planteles y escuelas eran un hervidero de discusión y debate constante, y se consumaba un despertar político y cultural para miles de jóvenes. La huelga se sostenía con el boteo y con la solidaridad material de muchas organizaciones populares, sociales y sindicales, las cuales también realizaban movilizaciones y acciones en solidaridad, como las que hicieron los trabajadores del IPN, del Colegio de Bachilleres y distintas universidades de todo el país. Junto a esto, el CGH tendía lazos nacionales e internacionales: en las primeras semanas se realizaron 3 Encuentros Nacionales Estudiantiles en Ciudad Universitaria; el 25/4 fue el primero de ellos, donde 15 universidades refrendaron su apoyo al movimiento de la UNAM; días después, 20 sindicatos universitarios manifestaron su apoyo al CGH y el STUNAM acordó brindar ayuda y no prestarse a las actividades extramuros. El CGH, en tanto, se reunía constantemente, con sesiones donde se sucedían las propuestas políticas para ampliar el movimiento y sacarlo de las aulas universitarias, y se generaba un acalorado debate en torno al curso del mismo. La convicción era clara y se iba cimentando día a día en la ocupación de los planteles y en las brigadas; exigir la resolución del pliego petitorio, primer paso hacia una democratización de la universidad. En ese marco, surgían discusiones y posturas más radicalizadas que avanzaban hacia el cuestionamiento de la sociedad de clases. Pero es importante considerar que, contrario a la ridiculización montada por quienes sostenían que en el CGH primaba la estrategia de “HPP” (“huelga popular prolongada”), si ésta se extendió en el tiempo, se debió a la cerrazón de las autoridades y a que cada una de las propuestas formuladas por Barnés, los académicos y los sectores “moderados”, era visualizado como una trampa al no resolver los seis puntos del pliego petitorio.

Desde febrero las corrientes afines al PRD, vinculadas al gobierno capitalino de Cuauhtemoc Cárdenas, intentaron –como explicamos al inicio– evitar el estallido de la huelga, conduciendo el descontento estudiantil hacia la confianza en una mesa de diálogo con Barnés. Era evidente que la única forma de frenar el RGP y obligar a Barnés a negociar, era mediante una acción decidida que mostrase la fuerza estudiantil, para lo cual había que organizar la huelga y retomar las mejores tradiciones de autoorganización del movimiento estudiantil mexicano, cuestión  que desde Contracorriente propusimos en las primeras sesiones de la AEU y del naciente CGH, denunciando las maniobras burocráticas de los perredistas, muchas veces toleradas por otras organizaciones universitarias. Sin embargo, una vez decidida la huelga, los llamados “históricos” (las corrientes perredistas  que venían de la huelga del ‘87) intentaron forzar su rápido levantamiento, alertando contra un “desgaste” a todas luces inexistente, y buscando que el CGH redujera sus demandas al primer punto del pliego. Estas corrientes buscaban aceptar las promesas de Barnés sin ninguna garantía de cumplimiento, y presentar los ofrecimientos de aquel –que burlaban las demandas originales–, como éxitos del movimiento. Violando los mecanismos democráticos los dirigentes perredistas se autoerigieron en “voceros” del movimiento, lo que provocó el desconocimiento de toda posición que no surgiera estrictamente de los órganos del CGH.

A partir de junio se sucedieron las propuestas de salida al conflicto, que fueron discutidas extensamente en el CGH bajo la presión constante del ala “moderada”. El 7/6, el Consejo Universitario (CU) modificó el RGP y estableció las cuotas como “voluntarias” de acuerdo a “las posibilidades de cada quién”. El día 9 una amplia mayoría de asambleas rechazó las modificaciones propuestas. El CGH consideraba que no resolvían ni siquiera el punto 1 del pliego, ya que no garantizaban la gratuidad de la educación universitaria, y que sólo mediante un Congreso Democrático se resolverían las demandas de la huelga (4). La propuesta del CU desató una ofensiva de académicos, intelectuales y periodistas llamando a que el CGH dejase de lado la “intransigencia”; como Octavio Rodríguez Araujo que afirmó que “razonablemente, la huelga ya no es necesaria” (La Jornada, 10/6/1999). En contraste con esto, el mensaje del CGH en la multitudinaria movilización de ese día, que congregó a decenas de miles de estudiantes organizados en cuatro columnas, sostuvo “Que lo entiendan bien el gobierno y sus funcionarios en la UNAM: no estallamos la huelga para entrar a regatear que cosas se cobran y cuales; si se cobran a más o a menos. Estallamos la huelga por la gratuidad, y no daremos marcha atrás hasta lograrla. Nuestra lucha es por el un derecho de todos a estudiar, es por la gratuidad de la educación en nuestra universidad…” (La Jornada, 11/6/1999). Pocos días después, el organismo estudiantil resolvió continuar la huelga hasta el cumplimiento satisfactorio e incondicional de los seis puntos del pliego petitorio. Las propuestas “alternativas” que surgieron desde la rectoría, los académicos y los sectores moderados coincidían –más allá de los matices existentes– en proponer el levantamiento de la huelga a cambio de enviar a foros de discusión o a un eventual congreso universitario, los puntos exigidos por el CGH. Por ejemplo, el Partido Obrero Socialista, propuso –bajo el fundamento de un “desgaste de la huelga”– el levantamiento a cambio de un posterior Congreso, cuyas características fundamentales (por ejemplo si sería resolutivo o no) emanarían de la decisión de un referéndum.

Estas propuestas fueron rechazadas por el CGH por considerar que no resolvían satisfactoriamente el PP, basándose en la experiencia estudiantil de 1987 –donde las demandas terminaron siendo desconocidas por la rectoría– y en la larga tradición de maniobras traicioneras del priato, como las que sufrieron los zapatistas con los Acuerdos de San Andrés.

A partir del posicionamiento del Consejo ante estas salidas, los ataques políticos y mediáticos involucraron –ya no sólo a la rectoría y al PRI-PAN– sino también al PRD, a académicos e intelectuales vinculados a ese partido y a la gran mayoría de los medios de comunicación. Lamentablemente, la dirección del EZLN también atacó a la “ultra”. El CGH, mientras enfrentaba los intentos por forzar el levantamiento de huelga, debió buscar las vías para fortalecer el movimiento, superando el aislamiento, procurando nuevas alianzas y sacando la huelga a las calles.

En ese contexto, lo que estaba por detrás de la confrontación entre ultras y moderados no era “la histeria ultraizquierdista” como la definió Carlos Monsiváis, ni la mano de Gobernación, como afirmó el intelectual Jaime Avilés. Lo que estaba en juego eran dos perspectivas antagónicas respecto a la lucha.

Por un lado, la de las corrientes “moderadas” que buscaron restringir la huelga a una lucha reivindicativa y acotar sus demandas –por ejemplo pasando de exigir la resolución de los seis puntos a uno solo– para lograr un rápido levantamiento, en la medida que mantener el paro estudiantil generaba inestabilidad en la transición política en la que estaban comprometidos los tres principales partidos. Bajo esa lógica política, toda lucha por cambiar la estructura antidemocrática de la universidad era presentada como ajena a la misma huelga, y se pretendía diferirla a un futuro congreso Universitario. Asimismo, la articulación de la lucha universitaria con lo que sucedía fuera de los muros de la UNAM era visto como un delirio ultraizquierdista.

De otra parte, la perspectiva que se identificó como “ultra” no era otra que la dinámica que asumió la huelga, sostenida férreamente por un movimiento estudiantil decidido a obtener la resolución de sus demandas inmediatas. Este posicionamiento no sólo cuestionaba la estructura universitaria sino al mismo régimen dirigido por el PRI, que era el principal sostén de los planes de la rectoría. Junto a ello, cabe recordar que “la lucha de los estudiantes de la UNAM contra los planes imperialistas, la represión y por democratizar la Universidad actuaron como caja de resonancia del conjunto de las contradicciones sociales” (5), lo cualagregamos– generó una amplia simpatía en sectores de los trabajadores y el pueblo, como se manifestó en distintas acciones de solidaridad  y conjunción en las calles, y era una hipótesis plenamente factible que la huelga actuase como un catalizador del descontento obrero y popular contra el antiguo régimen del priato (6).

6. De la independencia política del movimiento a la represión del “demócrata” De la Fuente

Si al inicio de la huelga las corrientes afines al PRD contaban con gran ascendencia, la evolución de los acontecimientos llevó al movimiento a alcanzar una importante definición: la ruptura con el PRD y la independencia política respecto a los distintos partidos del Congreso, incluido el “sol azteca”. Se hizo una experiencia con las maniobras y trampas del perredismo, las cuales llevaron al enfrentamiento dentro del CGH y a la separación de algunos de los representantes y dirigentes de aquel. Aún en los casos que se mantuvieron en el movimiento, su incidencia sobre el curso del mismo decreció significativamente. El CGH asumió un curso de radicalización política, rompiendo con la larga tradición de influencia perredista sobre el movimiento estudiantil. Esta situación generó una campaña de calumnias y de artículos al estilo de “disparen sobre el CGH”, por parte de los medios de comunicación e intelectuales afines a aquel partido. Uno de los ejes de esta campaña –que tiene repercusiones y continuidad en las referencias del presente– es que la “ultra” fue responsable del aislamiento y de la derrota. Veremos a continuación que ambos argumentos eran falsos y que encubrían la responsabilidad de otros actores políticos y sociales.

El 12 de noviembre el movimiento obtuvo un importante triunfo: la renuncia de Barnés. La estrategia del gobierno y la rectoría desde el 20/4 se basaba en una línea dura, que incluía el desconocimiento del CGH y la persecución de los activistas, y que apostaba a que el aislamiento impusiese el levantamiento de la huelga. La renuncia de Barnés mostró el fracaso de esta política. La asunción de Juan Ramón de la Fuente, con un perfil “conciliador” (venía de “negociar” la privatización de áreas en Salubridad) señaló que el gobierno apuntaba al mismo objetivo que antes, mediante medios “democráticos”. En diciembre se organizó una farsa de diálogo en la cual, a pesar de ello, el CGH logró que la rectoría lo reconociese  como interlocutor válido, algo retaceado en los meses previos. La caída de Barnés mostraba lo correcto de mantener la lucha.

En ese contexto, el “aislamiento” cuya responsabilidad le atribuían a la “ultra” era en realidad el resultado de que muchas direcciones sindicales y políticas no impulsaban la solidaridad efectiva con los estudiantes que luchaban por la educación pública, cuando estos más la requerían. No fue un hecho menor la negativa de direcciones sindicales como la del STUNAM a estallar la huelga universitaria unificada (7).

En esos momentos, desde Contracorriente insistimos que la clave para obligar a la rectoría a aceptar las condiciones del CGH era mantener la dinámica de movilización y de vinculación con los trabajadores y sectores populares; por eso planteamos por ejemplo la realización de una Asamblea llamando a las organizaciones obreras y sociales a sumarse a la misma; a la vez que proponíamos luchar por un diálogo abierto, público, democrático y combativo (y por supuesto sin un solo preso del movimiento), en contra de la intención de De la Fuente de entrampar al CGH en un diálogo en “lo oscurito”.

En ese contexto, inició una ofensiva “democrática” de la rectoría que, lejos de aceptar las condiciones que el CGH solicitaba para el dialogo, convirtió a éste en una verdadera trampa para presentar al CGH como “intolerante” y anunciar la realización de un plebiscito. El mismo, convocado para el 20 de enero, pretendía generar una presión social insostenible para obligar al levantamiento de la huelga. Dicho plebiscito –donde votaban los rompehuelgas y funcionarios del gobierno– contó con el apoyo del PRD y sus intelectuales afines. “La política de De la Fuente tenía el objetivo de crear las condiciones políticas para justificar la represión, y no estaba dispuesto a hacer ninguna concesión de fondo. La decisión del CGH de rechazar el plebiscito y convocar a su propia consulta fue totalmente justa. ¡Qué gran experiencia para el movimiento de masas mexicano ver las trampas “democráticas” que es capaz de montar el régimen del PRI-PAN-PRD para liquidar una huelga contrapuestas al Consejo General de Huelga basado en la democracia directa de los que luchan!” (8).

Después del plebiscito, De la Fuente intentó quebrar la huelga utilizando a los estudiantes no paristas; sin embargo, los huelguistas lograron confraternizar con aquellos, y se quebró esta maniobra formando el Frente Estudiantil Justo Sierra, integrado por huelguistas y no huelguistas. De inmediato vinieron acciones generalizadas de provocación y represión, como la toma en Prepa 3, donde la acción porril fue seguida de la incursión de cientos de Policías Federales y la detención de mas de doscientos estudiantes. Esto fue jugada del gobierno para aprisionar a los principales dirigentes del CGH y el ala dura que sabían llegaría a defender el plantel. Los estudiantes resistieron la toma de la policía unas horas, pero finalmente fueron detenidos y trasladados al reclusorio.

Ante ello, y “frente a la perspectiva de una represión generalizada, sectores de clase media y pueblo pobre de la ciudad de México rodearon de apoyo a los estudiantes en la multitudinaria marcha del 4 de febrero. Resurgía así un movimiento democrático en defensa de los estudiantes y su lucha, y por la libertad de todos los presos: el CGH se había convertido en una nueva bandera democrática de sectores de las masas, como los había sido el levantamiento campesino chiapaneco en el ’94. Frente a la emergencia del movimiento democrático, y para intentar anticiparse a su desarrollo, el rector convocó a una nueva reunión con el CGH con una delegación reducida y a puertas cerradas, para el viernes 4 de febrero. Su objetivo era “demostrar” una vez más su voluntad “dialoguista” y la “intransigencia” del CGH.” (9).

El 6 de febrero, 2,500 efectivos de la recién fundada Policía Federal Preventiva ocuparon las instalaciones universitarias, invadiendo el auditorio Che Guevara (donde sesionaba el CGH) y apresando a más de 1,000 estudiantes, quebrando la huelga. La represión fue el resultado de la ofensiva gubernamental y de las trampas “democráticas” de De la Fuente, avaladas y/o toleradas por muchos que cuestionaban al movimiento por la “intransigencia” con que se defendía el derecho a la educación gratuita y que en algunos casos (como Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis) se arrepentirían públicamente de haber apoyado la postura de De la Fuente. Durante los días siguientes, surgió un movimiento democrático de masas que, con la movilización de más de 150,000 personas, obligó a la liberación de la mayoría de los detenidos; durante los meses siguientes, la solidaridad nacional e internacional (expresada por ejemplo en el I Encuentro Internacional de Estudiantes realizado en El Mexe) terminará de arrancar a los últimos presos políticos del movimiento.

7. Estrategia y política en el CGH

Como decíamos antes, la definición de “ultra” fue un descalificativo utilizado por el oficialismo, la derecha empresarial y la prensa incluida la que se ostentaba como “progresista” –particularmente después de la ruptura con el PRD– para denostar y ridiculizar al movimiento. Lo que estigmatizaban como “ultra” era en realidad una amplia vanguardia estudiantil que mantuvo la huelga, logró frenar la imposición de cuotas (triunfo que los “moderados” no pueden adjudicarse) y contó con el apoyo de amplios sectores de la población, como se expresó no sólo en las marchas al inicio del movimiento, sino en las multitudinarias movilizaciones que “abrazaron” y “acuerparon” al CGH después de la represión del 6/2/2000.

De este movimiento nos hicimos parte distintas agrupaciones y colectivos de izquierda, identificadas por el activismo como organizaciones que participaron de la huelga hasta el final, y entre las cuales existían diversas perspectivas y propuestas políticas, las cuales estaban sujetas a discusión constante. Desde Contracorriente consideramos fundamental lograr la resolución íntegra y efectiva del pliego petitorio, fortalecer los mecanismos democráticos, defender la independencia política del CGH, desarrollar alianzas con los trabajadores y sectores populares para romper el aislamiento de los últimos meses de la huelga, y evitar caer en las trampas y maniobras de rectoría. A la vez que, como miles de activistas, luchábamos por el triunfo de las reivindicaciones inmediatas de la huelga –a partir de lo cual estaría planteado su posterior levantamiento–, considerábamos fundamental que el CGH, una institución que enfrentó las trampas y partidos de la transición democrática, asumiese una perspectiva estratégica, internacionalista y de unidad con los trabajadores. Como parte de eso, propusimos actividades internacionalistas al CGH como fue la movilización en apoyo a los anticapitalistas de Seattle (que fue reprimida por los granaderos del “democrático” gobierno perredista del DF) y avanzar en una coordinación y la unidad de acción con los trabajadores. Sabemos que asumir esa perspectiva no hubiese garantizado la unidad y confluencia en lo inmediato con la clase obrera ni garantizado en sí mismo el triunfo de la lucha. Pero como planteamos en aquel momento, “el sólo plantearlo firmemente como estrategia hubiera transformado al CGH en una organización muy superior a la que fue, y hoy la experiencia, las lecciones de lucha y las perspectivas para el conjunto de la situación mexicana, por los lazos que se hubieran establecido con los trabajadores, serían infinitamente mejores.” (10)

8. La lucha del CGH y el movimiento #YoSoy132

Como planteamos en otro artículo, el movimiento del ‘99-2000 dejó importantes lecciones para los movimientos posteriores, y en particular para el #YoSoy132. Sin duda, este último guarda diferencias que no pueden ser ignoradas. Por ejemplo, la demanda motora del #YoSoy132 no es la gratuidad de la educación (la cual por cierto debería ocupar un rol central para dar respuesta a los miles de excluidos de la misma y para sumarlos al movimiento), sino que cuestiona aspectos de la antidemocracia imperante en el conjunto de la escena política nacional, como es el carácter servil de los medios de comunicación y la “cargada” para el regreso del PRI a Los Pinos.

En las páginas anteriores, escribimos ampliamente sobre los principios fundamentales del CGH; los mismos no pueden ser considerados como meras “particularidades” del momento, sino que constituyen definiciones políticas de gran importancia que podrían ser discutidos y aprehendidos por el movimiento actual.

En primer lugar, la democracia directa como principio fundamental: las asambleas de base con delegados revocables, rotativos y con mandato, y con una organización centralizada, superior, que responde al mandato directo de la base. Ya mencionamos que, a nuestro entender, eso permitió expresar de forma más o menos directa la orientación del movimiento, y cada organización o individuo podía plantear allí sus propuestas sin violentar el mecanismo democrático de funcionamiento. El #YoSoy132, por su parte, asumió como principio de funcionamiento las asambleas de base, sin embargo las asambleas generales no han votado sobre la base de los mandatos de asambleas locales. Recientemente, distintas asambleas locales han votado dar “margen” para que los voceros voten de acuerdo a su criterio, en tanto que en algunos casos, los voceros se han mantenido durante semanas. Disentimos con esta manera de ver las cosas, que en nombre de “agilizar” y “hacer operativo”, puede permitir que las decisiones que se tomen no respondan al mandato de la base y termina haciendo que las decisiones recaigan en el “criterio” de los delegados; aunque es verdad que toda decisión central puede ser remitida a las asambleas locales, esto no es lo más conveniente ya que estas pueden terminar fungiendo en organismos de ratificación o rectificación, con un carácter más bien consultivo. Esto en un contexto donde las asambleas locales han decrecido en el número de participantes, en gran medida por el fin de clases. Aunque muchos compañeros y compañeras pueden confiar en que las asambleas van a vigilar a sus voceros, desde nuestro punto de vista puede ser utilizado para el encumbramiento de un sector, lo cual está asociado con el posicionamiento del PRD y sus grupos afines frente al movimiento. No es casual que estos grupos (como Militante, el GDR o el MORENA) iniciaron una cruzada contra cualquier reivindicación de la huelga y atacaron a las “corrientes” (¡como si ellos no fueran “corrientes”!), violentando un derecho elemental de cualquier movimiento de lucha que pretenda funcionar democráticamente: que las organizaciones políticas e individuos puedan plantear libremente sus posiciones y pelear por ellas. Por otra parte, los mismos que en el ´99 intentaron sin éxito quebrar los mecanismos de decisión democrática e imponer las posturas del comité del PRD, ahora influyen sobre el posicionamiento público del movimiento a partir de su “operación” en determinadas instancias del mismo, como son las comisiones y las declaraciones públicas del #YoSoy132.

La segunda cuestión que queremos plantear es la independencia política alcanzada por el CGH. El CGH era independiente no sólo del PAN y del PRI, sino del PRD, criticando abiertamente a este partido y, en particular, su labor para lograr el levantamiento de la huelga. Esto, en momentos donde la “transición pactada” entre aquellos era un mecanismo central para desviar el descontento con el viejo priato hacia la alternancia electoral de julio del 2000. El CGH se constituyó así, en los hechos, como la principal institución política con influencia de masas, que enfrentó la transición pactada. En el #YoSoy132 hay una discusión en torno a la ubicación frente a los partidos; los mismos grupos que operan para frenar la democratización del movimiento son los que impulsaron una agenda política que, con eje en el “voto útil”, pretendió darle al movimiento el carácter de una fuerza formalmente “no partidaria” pero políticamente solidaria con el PRD, y por ende funcional a éste. Desde Contracorriente respetamos el sentir de muchos estudiantes que forman parte del movimiento y consideran votar por AMLO como una alternativa frente al PRI y al PAN, aunque nosotros, como muchos saben, diferimos de esta postura y llamamos al voto nulo. Pero creemos que -más allá del posicionamiento de cada integrante del movimiento (o las organizaciones que participan en el mismo) tiene derecho a asumir-, es fundamental mantener la independencia política del movimiento respecto a los partidos del régimen y centrarse en la movilización y la unidad con los trabajadores y los sectores populares; eso será muy importante para ampliar el #YoSoy132, y también darle una perspectiva a la resolución de las demandas, como la lucha contra el fraude y por la democratización de los medios masivos de comunicación.

Vimos con simpatía que muchos activistas del movimiento que son votantes del Movimiento Progresista, coincidían con la necesaria independencia del #YoSoy132; sin embargo la operación política de muchos grupos intentó llevar al movimiento a convertirse en una fuerza afín a AMLO. Desde nuestro punto de vista los procesos de movilización que en los últimos años fueron conducidos hacia la confianza en la labor de la “oposición” burguesa como el PRD o el PRI, terminaron lamentablemente frustrados en sus reivindicaciones. El #YoSoy132 tiene como uno de sus desafíos –si lo que se pretende es conformar un movimiento que luche contra la antidemocracia y la represión–asumir la necesidad de vincularse con los trabajadores y los sectores populares, y dejar de lado cualquier confianza en los partidos patronales, defensores de un sistema político que, por más que se “democratice”, defiende los intereses de los capitalistas y las transnacionales contra el pueblo trabajador.

Retomar estas cuestiones que asumieron como propias muchos estudiantes integrantes del CGH del 99-2000, puede ser de crucial importancia para el desarrollo del #YoSoy132. Gracias a los mismos el CGH pudo, a pesar del aislamiento y de la represión institucional, defender exitosamente el principio de gratuidad en la UNAM. Y constituirse, a pesar de todos los errores que puedan haberse cometido, en parte de la historia reciente del movimiento estudiantil, para ser retomadas sus mejores lecciones, por las nuevas generaciones de jóvenes.

9. Perspectiva histórica y juventud revolucionaria

Los argumentos que se levantan tanto contra la reivindicación del CGH como en oposición a las propuestas políticas que formulamos en el actual movimiento los socialistas y distintos grupos de izquierda de la UNAM, enfatizan en que este movimiento #YoSoy132 está focalizado en la lucha contra la imposición de Peña Nieto y por la democratización de los medios, y que “los de siempre” (es decir los “ultras”) pretendemos trasnochadamente darle un carácter que no puede ni debe tener. Los mismos que nos atacaban ayer por tener un discurso “anticuado” que –según su visión– no empalmaba con la realidad, hoy nos critican por pretender darle un curso radical al movimiento y que adopte una perspectiva de subversión del orden existente. Pretenden que nos conformemos con una postura reformista y que aceptemos las “directrices” que los dirigentes autonombrados del mismo pretenden darle; esto, mientras claman que queremos “romper asambleas” por el hecho de defender nuestra postura con argumentos políticos, cayendo ellos en una actitud totalitaria que pretende negar el elemental derecho a disentir. Que nadie se engañe con la falacia de que los socialistas y los grupos de izquierda intentamos “imponer” algo; estamos ante un debate abierto, frontal y muchas veces nada diplomático en las asambleas, como lo que se dio en la asamblea de Académicos, donde renombradas investigadoras vinculadas al perredismo que hablan en sus libros del “socialismo del siglo XIX”, se negaban a incorporar por ejemplo una demanda elemental como es la solidaridad con los maestros en lucha.

Y nos preguntamos: ¿por qué los mismos que aplauden si AMLO saluda a los maestros como parte de sus posturas electorales, se niegan a que el movimiento asuma esas definiciones que apuntan a la unidad obrero estudiantil? Porque su principal interés es evitar que surja un movimiento estudiantil y juvenil no institucionalizado que asuma como propias las demandas de los trabajadores y los campesinos, y que pueda ir más allá de las justas demandas iniciales con las que surgió. Ese es el fantasma del ‘99 que quieren conjurar apelando a todos los recursos e incluso satanizando a la izquierda que participó en ese capítulo de nuestra historia. Por eso también pretenden que los acuerdos adoptados el 30/5 –que incluían demandas tan “estratosféricas” como la solidaridad con el magisterio, la desmilitarización del país, el apoyo a Atenco y, ¡horror!, la libertad de los presos políticos– queden sólo como una expresión de deseo y no como demandas de la movilización.

Estamos opuestos a esta perspectiva que quieren darle los moderados de ayer y de hoy, aquellos que en sus pesadillas ven un movimiento que avance a cuestionar el régimen político antidemocrático. Lejos de ser “anticuados”, creemos que la mayor creatividad y renovación histórica que puede asumir el movimiento es adoptar una perspectiva revolucionaria. Lo verdaderamente anticuado es pensar que puede obtenerse algo que valga la pena, sin luchar radicalmente y sin cuestionar a fondo el orden constituido. No se trata de democratizar este régimen de “democracia para ricos”, donde incluso los gobiernos perredistas han mostrado que su voluntad es administrar los negocios capitalistas, eso sí, con “honestidad” y menos corruptela que los bandidos priistas y panistas. Lo que hoy debemos poner a discusión es si lo que va a surgir es una juventud “orgánica” del proyecto lopezobradorista, esto es, una juventud que luche por migajas y acepte la explotación y opresión capitalista, o si se pone en pie una juventud que asuma una perspectiva revolucionaria. La emergencia de una juventud que en Egipto, en Canadá, en Chile y en Europa, sale a enfrentar una histórica crisis capitalista y que en muchos casos actúa junto al pueblo trabajador muestra la necesidad de que miles de jóvenes mexicanos que despertaron a partir de las movilizaciones antipeña, se hagan parte de ello y vayan más allá.

Como en el momento de la lucha de 1999-2000, hoy –ante la emergencia de una nueva juventud–, hay que impulsar una estrategia, un programa y una organización que pelee para que los trabajadores se liberen tanto de la opresión charril como de la subordinación a direcciones burguesas “progresistas”, como paso necesario para una gran alianza obrera, campesina y popular que irrumpa en la historia contemporánea y haga cimbrar el capitalismo mexicano desde sus bases. Eso implica, sin duda, retomar el camino abierto por la revolución mexicana, truncado por el encumbramiento de la “familia revolucionaria” que luego daría lugar al actual PRI de Peña Nieto. Retomar la obra de Emiliano Zapata supone una lucha sin cuartel contra los capitalistas y transnacionales que dominan México y son responsables de la miseria, la desigualdad y la explotación que asola a millones en nuestro país, para lo cual es fundamental que se ponga en movimiento ese gran gigante social que el proletariado mexicano en alianza con los pobres de la ciudad y el campo. El camino de la confianza en salidas políticas inscritas en los marcos del sistema capitalista –como el lopezobradorismo, por no hablar del jurásico neoliberalismo priista– y de presionar por reformas democráticas sin cuestionar el estado capitalista y su régimen político, sólo puede llevar a nuevas frustraciones a esa juventud que está pugnando por surgir. Tras los discursos –algunos mas edulcorados, otros más “socialistas”– que proponen apoyar el “cambio verdadero” con la fútil esperanza de darle un contenido anticapitalista, se preparan derrotas profundas al no apostar a la emergencia de una estrategia revolucionaria en el movimiento obrero y la juventud. Y es que para cortar el ciclo de triunfos de los de arriba no sólo es necesaria la voluntad de movilización y lucha; es fundamental bregar por una estrategia alternativa, que se prepare para, al calor de las nuevas luchas obreras, juveniles y populares, construir una organización marxista y revolucionaria capaz de tomar el cielo por asalto.

Notas:

(1) León Trotsky, Carta a la redacción de Contra la Corriente, 13 de junio de 1930.

(2) Solo por mencionar algunas organizaciones participantes del movimiento estudiantil: En Lucha, Comité Estudiantil Metropolitano (CEM), Frente de Lucha Estudiantil Julio Antonio Mella (FLEJAM), CLETA, Conciencia y Libertad, Rebeldía, la Unión de Juventudes Revolucionarias de México, MERI,  además de un sinnúmero de colectivos estudiantiles que surgieron previo y durante la huelga.

(3) Manifiesto de Contracorriente y Enclave Roja ante el Encuentro Internacional de Estudiantes convocado por el CGH, abril 2000.

(4) Para una crítica más extensa que establece incluso que en muchos puntos era peor que el RGP del 15 de febrero, ver Adrián Sotelo Valencia, Neoliberalismo y educación. La huelga en la UNAM a finales de siglo, en http://www.rebelion.org/docs/9882.pdf.

(5) “Ultras y moderados”, Emilio Albamonte, Federico Lizarrague y Andrea Robles, publicado en Estrategia Internacional 16, verano del 2000.

(6) Como ocurrió no sólo en los años ‘60 y ‘70 –donde la irrupción estudiantil acicateó la movilización obrera y popular –por ejemplo en Argentina de 1969 o en Francia de 1968– sino, contemporáneamente a la huelga de la UNAM, en el caso de Indonesia, donde en 1998 la juventud inició un proceso de movilización de masas que llevó a la caída del dictador Suharto.

(7) En esos momentos, Contracorriente propuso un “comando de huelga unificado STUNAM-CGH” para soldar la unidad trabajadora estudiantil.

(8) “Ultras y moderados”, Albamonte Emilio, Lizarrague Federico, Robles Andrea, publicado en Estrategia Internacional 16, verano del 2000.

(9) Ibidem.

(10) “Ultras y moderados”, Albamonte Emilio, Lizarrague Federico, Robles Andrea, publicado en Estrategia Internacional 16, verano del 2000.

México DF, 26 de junio de 2012